Por: Ana María Cano Posada

Dos medios dos

ALTERNATIVOS ES UN CALIFICATIVO para descalificar a los medios que no se acogen al menú principal, a la rutina, al consabido monotema y por ahí derecho se les hace pagar el tributo de no estar de lleno en la torta publicitaria.

Tal vez porque en general a los anunciantes les entra todavía mucho el cuento del costo por mil (que era el mismo argumento con que se vendían antes tantas cosas, incluidas ediciones faraónicas de medios que hacían el esfuerzo por abaratar su famoso “costo por mil” y por allí derecho ver fantásticamente disminuido el “costo por unidad” ), todo ello es un sofisma porque ya no estamos en las épocas boyantes en las que se multiplicaba por múltiplos exorbitantes todo.

Este en cambio es un tiempo minimalista en el que el papel se convierte en una joya, el espacio televisivo comienza a saber de estrecheces y de presupuestos recortados y la radio tiene un espacio para lucharse contra las revistas, contra los diarios gratuitos, contra semanarios, bimensuarios y hasta medios corporativos cuya calidad riñe por acaparar la atención de las audiencias cada vez más esquivas e introspectivas, cada vez más encerradas en sus propios deseos y necesidades.

Por eso la media general, la que hacen los medios tradicionales, la opinión pública gruesa que está guiada por quienes ellos consideran confiables, puede aburrirse de lo previsibles que se han vuelto (ojo, que me refiero sólo a la media general) los medios con sus eternas peroratas, con sus lenguajes requete sabidos y acartonados y con temas que saben rancio (ejemplo paradigmático de esto es el referendo y la reelección de la que se habla desde hace tres años por lo bajo). Es ahí donde entran con suavidad pero con gran cabida los alternativos, esos medios jóvenes que se sienten con muy poco que perder y en cambio mucho que ganar.

Aunque habría una muestra representativa en Colombia para nombrar (dejo de lado las revistas culturales que están todas enfrascadas en reñir el mismo nicho de los sabihondos) voy a circunscribirme a dos que me han vuelto su oyente cautiva. Dos de radio curiosamente. Una es UN Radio, un ejemplo de lo que debería ser una emisora diversa, con ciencia, diversión, música y muy atractivos formatos como el de la mañana con UN análisis y un buen conductor como Guillermo Parada. Pero dentro de su programación que tiene emisiones locales en Bogotá, Medellín y Palmira, tienen todo tipo de espacios para intereses diversos y para cultivar audiencias propias de muchas edades. El buen gusto y el sentido común periodístico cunden en aquella frecuencia de UN Radio. Esta emisora está cumpliendo siete años y descubre en torno suyo  un país, unas nuevas generaciones,  unos recursos de pensamiento que bien los quisieran los otros medios para un día de fiesta.

El otro medio que también tiene mucho atractivo es Radiónica, una emisora oficial en el sentido de tener un origen gubernamental pero dirigida a los jóvenes para descubrirles nuevas maneras de hacer música y también unos radiodifusores nuevos y frescos que son capaces de cautivar oyentes que ya no son tan jóvenes. A estos dos alternativos es a los que merecen atenderse para cambiar el discurso consabido de medios que pueden agotar sus audiencias sin darse cuenta.

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