Por: Gustavo Páez Escobar

Dos novelas quindianas

Cuando hace 27 años regresé del Quindío a la capital del país, Alister Ramírez Márquez era un adolescente que tal vez no presentía su vocación de escritor.

Hoy es un nuevo novelista de la comarca, residente en Manhattan, donde ejerce la cátedra universitaria, y autor de dos obras que le han merecido reconocimientos: Mi vestido verde esmeralda (2003) y Los sueños de los hombres se los fuman las mujeres (2009).

No ha sido el Quindío tierra fértil para el cultivo de la novela, si bien cuenta con varios títulos que han obtenido ponderación. Pero se trata de casos aislados. En el pasado sobresalió en el campo del cuento, con grandes maestros en este género, como Eduardo Arias Suárez (considerado en su época el mejor cuentista del país), Antonio Cardona Jaramillo y Adel López Gómez. En la poesía, el nombre estelar es el de Carmelina Soto.

Fue la poetisa Esperanza Jaramillo García –uno de los pocos enlaces literarios que me quedan en la región– quien se interesó en que conociera las novelas del nuevo escritor. Un poco desconectado como estoy del panorama actual de las letras quindianas, he podido, sin embargo, seguirles el rastro a algunas figuras en ascenso de los nuevos tiempos. En el caso de Alister Ramírez Márquez, siento real complacencia al descubrir un novelista bien cimentado, a quien le esperan, sin duda, grandes éxitos.

Mi vestido verde esmeralda, escrita con lenguaje sencillo y expresivo, pinta el  ambiente rural del Quindío. Está aquí dibujada la típica familia de colonizadores que se desplaza de Antioquia en busca de oportunidades para subsistir y levantar los hijos, mientras a brazo partido lucha contra las adversidades de la naturaleza. Tierras inhóspitas y plagadas de alimañas, fieras y múltiples sobresaltos, son el horizonte cotidiano que enfrentan las corrientes de trashumantes que a golpes de hacha descuajan selvas y hacen surgir pueblos. 

Este es el Quindío primitivo que emerge al mando de un puñado de valientes, hasta conformar un núcleo social caracterizado por el temple del carácter, la fe del arriero y el esfuerzo laborioso de una raza, dones que hacen posible la vida civilizada y el progreso. Vendrán después los tiempos de la violencia política que tantos desastres produjeron en la región.

En medio de este marco bucólico y después urbano, donde de paso se retratan las costumbres y la idiosincrasia de la comarca, el novelista crea personajes de mucho vigor, que mueven la historia con interés y realismo. La protagonista principal, Clara, es un ser fascinante por su fuerte personalidad y su espíritu de lucha y superación. Ella es el Quindío. “Madame Bovary soy yo”, dijo Flaubert.

Diríase que la otra novela, Los sueños de los hombres se los fuman las mujeres, es la continuación del propio periplo del escritor en su tránsito de Armenia a Manhattan. Se vale ahora de dos colombianos, legítimos paisas, que buscan radicarse en Estados Unidos y deben afrontar un mundo de aventuras, intrigas y toda suerte de percances, tan comunes en los procesos de inmigración y ambientación en el nuevo medio. Medio duro y hostil, que sin duda vivió el novelista, lo cual le da autoridad para tratarlo con familiaridad.

En la narración sobresale el estilo ágil, fluido y ameno, con capítulos de una brevedad admirable. Al igual que en la novela sobre el Quindío, en esta se ofrecen nítidas pinturas sobre diversos ambientes de Estados Unidos que se agitan en medio de la pobreza, la droga, los sofocos, la estrechez, la crueldad de la gente. A veces el lector se siente atrapado en aquellas atmósferas atroces y quisiera regresar a Colombia. Pero la mente diestra del escritor ha tenido el tino  de manejar la trama con dosis generosas de pasión sensual, de gracia, de tensión y fino humor, para mantener despierto el interés.

Con ciertos ingredientes policíacos, el ánimo no decae un solo momento. Y como las protagonistas son apasionantes, siempre se busca seguir tras sus huellas y descubrir sus secretos. A la postre, el mismo lector termina mezclado con los personajes, como deseoso de que lo inviten al capítulo siguiente. El final inesperado de la obra, que es al mismo tiempo verosímil y humano, cierra con broche de oro esta historia manejada con mano maestra.

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