Por: Armando Montenegro

Dos preguntas

ES INTERESANTE CONTRASTAR dos políticas públicas recientes: el programa Ser Pilo Paga y la decisión de adquirir, reconstruir y poner en funcionamiento el hospital San Juan de Dios.

El programa Ser Pilo Paga se enmarca en lo que se llama un “subsidio a la demanda”, por medio del cual los fondos públicos llegan, sin intermediarios, a los beneficiarios pobres: pagan la matrícula en una universidad, pública o privada, de la elección del estudiante. Otros ejemplos de estos subsidios son los giros de Familias en Acción y buena parte de los servicios del sistema de salud (la gente recibe los servicios y el Estado les paga a los prestadores).

Revivir el San Juan de Dios es, en cambio, un ejemplo de un “subsidio a la oferta”. Los fondos del Estado van en bloque a entidades que atienden a los necesitados. Como la relación entre el Estado y los beneficiarios es indirecta, no existe, necesariamente, una conexión estrecha entre un aumento de fondos y el mayor número de personas pobres atendidas. En el caso del San Juan de Dios, los recursos públicos cubren la adquisición del inmueble, su remodelación y dotación, la ampliación de su beligerante personal y, sólo al final, al cabo de algunos años, se le prestarán servicios a la gente.

No se puede señalar, a priori, que los programas que subsidian la demanda son superiores a los que subsidian la oferta (o viceversa). Hay buenos programas con ambos esquemas.

Cuando las entidades públicas no son de buena calidad, el subsidio a la demanda permite que los beneficiarios puedan escoger y gozar de mejores servicios. Con Ser Pilo Paga, por ejemplo, los pobres asisten a las mismas universidades que los ricos. No están condenados, como en algunas escuelas públicas de primaria y secundaria, a recibir mala educación. Eso sí, cuando las entidades estatales proveen servicios de calidad —como los de un puñado de colegios y hospitales— no hay detrimento para las personas atendidas.

Un subsidio a la demanda bien diseñado permite que los beneficios del Estado lleguen únicamente a los más necesitados. Las becas de Ser Pilo Paga beneficiarán sólo a los más pobres, de acuerdo con el Sisbén. En el caso de los subsidios a la oferta, es más difícil que los servicios se dirijan exclusivamente a quienes más los necesitan. Por mucho tiempo, por ejemplo, las universidades públicas (ejemplo de subsidio a la oferta) formaron a las clases medias y altas del país, casi sin ningún costo para los privilegiados.

Surgen dos preguntas sobre estos programas. ¿Es mejor para los pobres de Bogotá que se gasten cientos de miles de millones de pesos en revivir, a paso de tortuga, un viejo hospital, en lugar de capitalizar y reorganizar la deficiente EPS distrital, de tal manera que la gente que hoy está mal atendida pueda recibir desde ya un servicio de buena calidad?

¿Por qué no se extiende el popular programa Ser Pilo Paga a la educación secundaria, donde también hay una gran distancia entre la calidad de muchos colegios públicos y privados? (Colombia tuvo en los años noventa un programa de becas para miles de jóvenes pobres que pudieron hacer el bachillerato en colegios privados de calidad superior a las escuelas públicas. Los beneficiarios de esas becas lograron un mejor desempeño académico y hoy, en el mercado laboral, tienen mayores ingresos que quienes se quedaron en los colegios estatales).

 

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