Por: Juan David Zuloaga D.

Dos vicios del fútbol colombiano

Hoy juega la selección Colombia su segundo partido de la primera fase del Mundial.

Tras 16 años de ausencia en el campeonato más importante de selecciones, por culpa de una dirigencia mediocre y un cuerpo técnico amalgamado en su ineficiencia y en su fracaso, volvemos a vivir la alegría del Mundial en primera persona.

Pero aún debemos aprender de las viejas derrotas. Claro que se vive con más alegría el torneo ahora que somos parte de él y claro que celebramos la victoria contundente frente a Grecia, aunque la vimos muy disminuida y pobre en recursos, pero el público que apoya a la selección sigue siendo tan ineducado como el de hace unos 30 años y el equipo persiste en su juego estéril de parsimonia y toque cuando de lo que se trata es de ir hacia adelante (es decir, de intentar hacer goles). Y los dos vicios son reflejo de buena parte de la idiosincrasia nacional: siempre cantando victoria antes de tiempo, creyendo siempre que se tiene todo ganado cuando ni siquiera es cierto el empate, desperdiciando el tiempo porque no se ve la urgencia de los minutos, hasta cuando se viene encima ese gol que no esperábamos y frente al cual es ya demasiado tarde para sobreponerse.

El primero de los vicios es grave porque se trata de apoyar al equipo, sí, pero con juicio. El problema —en términos generales, vamos a decir; en verdad es tan sólo uno de los problemas de esta hinchada triunfalista e infantil— es que quienes asisten a apoyar a la selección no suelen ser los mismos que van a los estadios a apoyar el fútbol local —que, dicho sea de paso, son los que ayudaron a construir y a consolidar esas selecciones que han asistido a la competición mundialista—, y eso se nota. Y se nota bastante, por ejemplo, cuando con un inestable dos a cero, poniendo el último partido contra Grecia de ejemplo, se comienza a cantar el “ole”, faltando más de 30 minutos para que termine el partido.

Y es cierto que parecía poco probable que Grecia igualara el encuentro o que incluso anotara un gol de descuento, pero esa tendría que ser la razón más poderosa —¿cuándo será que en este país aprenderemos esta lección elemental de estrategia futbolística y hasta vital?— para seguir atacando y para marcar más goles; que al final no sólo cuentan, sino que en ocasiones hacen falta. Buena muestra de ese espíritu que no se acomoda con un gol de diferencia lo dio hace unos días Holanda, y no precisamente frente a un equipo de escasos recursos, sino ante el actual campeón del mundo.

Seguro que de poner en práctica la mesura por un lado y la constancia y la exigencia por el otro —aun aceptando que en ambos aspectos el país en general y el equipo en particular han mejorado algo—, vamos a contar con recursos más finos e idóneos para enfrentar al rival de hoy en la Copa del Mundo y para medirnos con las adversidades de nuestro propio país.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan David Zuloaga D.

Conversaciones con el fantasma

Ser pilo no paga

La consulta anticorrupción en perspectiva

Reunión 7:00 a. m.

“Vamos a dar ejemplo”