Por: Luis Eduardo Garzón

Dosis mínima de hedonismo

MAÑANA EL PROTAGONISMO MEDIÁtico lo tendrá un cardenal de verdad y en su sermón reafirmará los mismos inamovibles de la Iglesia.

Lo novedoso está en que es la única semana del año en que un consejo comunitario no lo presidirá el otro cardenal, el de los sábados felices, el que cree que la ‘U’ abarca todo el abecedario. Si por él fuera, pediría cero corrupción, pero sospechando de funcionarios de otros gobiernos, no de los propios. Promocionaría la compra de afectos, pero procurando que nadie averigüe quién vende para que su comunidad no se vea afectada por cohecho. Asimismo, llamaría a reprender el vicio de fornicar sin condón, eludiendo la responsabilidad que le asiste en la promiscuidad de su parroquia.

Satanizaría el gustico, poniéndole fecha y hora, sin reconocer que en su adolescencia ya venía mientras otros apenas íbamos. Nos conminaría al infierno por permisivos con la dosis mínima, soslayando a su principal acólito, Armandito Benedetti, por defender lo mismo. Nos ilusionaría con la paz, pero advirtiendo que la llama de la inquisición está más viva que nunca. Se le haría agua la boca hablando de la democracia, pero sin admitir que por sus ambiciones personales ella misma se está acabando. Diría que le duele la pobreza, pero por el efecto negativo en sus encuestas. Reivindicaría su papel de redentor, guiándonos por lo que él llama el camino del bien, sin fijarse en que éste corresponde a la peligrosa trocha Medellín-Quibdó. Pero afortunadamente, y gracias al siete palabras, nos daremos cuenta de la existencia de otros representantes de Dios en la tierra, y de que nuestro querido carriel es un terrenal más, con las mismas necesidades fisiológicas que el resto de los mortales, a pesar de sus ínfulas celestiales.

Descubrirlo hace de la Semana Santa un placer. El mismo que me producirá el morbo con que me figuro la cara de ansiedad y el sufrimiento de Roy Barreras por sacrificar una semana sin micrófono. Me deleitaré imaginándome al Mindefensa en su Anapoima liberada, esperando la llegada del Mesías paisa para que le lave los pies cual abnegado apóstol y no siga sospechando de él como un eventual Judas. Estaré en ascuas por saber cómo Gilma Jiménez le aplicará la cadena perpetua al ministro que le pretende violar su luchado referendo ciudadano. Reiré a carcajada limpia viendo a Uribito en cuanta procesión se le aparezca, convencido de que los fieles van detrás de él. Pero lo que sí no puedo disfrutar es que al equipo económico del Gobierno le toque recoger la limosna en Monserrate precisamente cuando lo han cerrado. Eso les pasa por despilfarrar cuando era la época de ahorrar.

Además, quedándome en la ciudad podré ver cine sin necesidad de hacer fila por las entradas como si uno fuera a recibir un bono de Acción Social de la Casa de Nariño. Iré a los restaurantes que frecuentan los parlamentarios sin la angustia de que me cambien un churrasco por un mico. La farándula será reemplazada por la Filarmónica sin necesidad de mamarme los análisis políticos de Juanes. Podré rumbear sin el temor de que me encuentre a un furibista y me despescuece por escribir una columna tan pecadora como ésta. Ah, y podré transitar tranquilo sin el miedo de que me atropelle esa caravana presidencial que avanza con la misma intensidad con que arrasa en su vértigo reeleccionista. Por todo ello, ¡viva el hedonismo de Semana Santa!

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