Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 1 hora
Por: Alberto Carrasquilla

Dosis Personal

Sigue cursando en el Congreso de la República una iniciativa que busca criminalizar la llamada “dosis personal” de drogas psicotrópicas ilegales.

No creo que sea polémico plantear que el costo asociado a una determinada actividad es uno de los principales determinantes de su incidencia. Tampoco creo polémico plantear que criminalizar ésta u aquella actividad eleva su respectivo costo y contribuye a reducir las cantidades utilizadas, no así su valor. Por último, tampoco creo que sea polémico decir que el anterior es un efecto parcial, que supone que todos los demás determinantes del uso de estas drogas permanecen iguales y que, como argumento, resulta insuficiente.

Basar una política pública, la penalización, en un resultado que no tiene en cuenta la simultaneidad con la cual ocurren otros cambios, de cara a una intervención como la que comento, es claramente insensato. El debate público debe, por ello, someter la propuesta a una prueba más acida que la mera enunciación de un resultado que luce razonable en un sentido de equilibrio parcial.

Por fortuna, tenemos un ejemplo concreto que nos aporta varios años de lecciones y enseñanzas, con contrapartida en cifras concretas y hechos verificables. Me refiero a la, ahí sí, muy polémica decisión que se tomó en Portugal en Julio de 2001, descriminalizando la dosis personal.

El contexto es importante. En primer lugar, la posesión y uso de sustancias como la cocaína sigue siendo, como en Colombia, ilegal en Portugal. La decisión no fue legalizar, ni mucho menos. La decisión fue llevar estas violaciones al código administrativo, sacándolas del código penal. Segundo, hacia finales de los años noventa, más de dos décadas después de la revolución de los claveles (1974) y de un importante proceso de urbanización, había una enorme preocupación por la incidencia que tenía el abuso de drogas y un gran esfuerzo por encontrar estrategias eficaces en atajarlo.

La decisión se implementó el 1º de Julio y, desde luego, no sobraron las predicciones sobre un desastre inminente. Algunos comentaristas plantearon que el consumo se incrementaría, otros que Portugal sería un paraíso para el turismo más indeseable, causando graves perjuicios para el país y otros que los costos asociados al tratamiento y reinserción de la población adicta se dispararían.

Pues bien, ocho años después hay una información amplia que me parece muy valiosa para nuestro debate. Lo más diciente, para empezar, es que la mayoría de la población portuguesa está en desacuerdo con volver a criminalizar la dosis personal y por ende no hay una iniciativa políticamente viable que lo esté proponiendo.

Las cifras explican por qué. Primero, los indicadores de incidencia en el uso de drogas, la adicción y la violencia relacionada con el tema, fue notablemente más favorable entre 2001 y 2006 que en el resto de la Unión Europea, y por supuesto que en Estados Unidos. Tendencias muy preocupantes, observables claramente en países comparables, han sido atajados o solucionados en Portugal y jamás se materializó la predicción que Portugal sería un paraíso turístico para la peor ralea.

Segundo, el tratamiento de la adicción ha aumentado en grado sustancial, reduciendo significativamente el número de tragedias relacionadas directamente con el uso de estas drogas, así como con la transmisión sexual de patologías asociadas.

Desde luego, la amplia base de datos disponible debe ser usada con el cuidado que supone el hecho de que cobija un país distinto en un período de tiempo en el cual sucedieron muchas otras cosas. Pero me parecería, ahí si, un crimen que no informara el debate colombiano.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Alberto Carrasquilla

El equilibrio Lee

Reformas

Infladitos

Bienvenida Comisión

Combo