Por: Columnista invitado

Dramaturgia del poder

Por: Alberto López de Mesa

En periódicos, revistas, radio, televisión, y redes sociales ufanos se muestran los personajes del Centro Democrático por saberse el partido del poder. Alardean de ser la bancada mayoritaria en el congreso, de tener a Iván Duque en la presidencia y a un elenco de figuras ocupando los ministerios y los cargos decisorios del gobierno, todos en el tinglado del poder representando un libreto para asegurar la hegemonía, la continuidad y el lucro.

El ex presidente y senador Álvaro Uribe, aunque decidió que su rol no aparezca en los créditos, todo el país sabe que es el director de la obra, que decidió el reparto protagónico según un casting estratégico y misional a favor de sus intereses políticos, económicos y pasionales.

Allí está Alberto Carrasquilla repitiendo papel en el ministerio de hacienda, porque tiene la petulancia de ser públicamente déspota y despreciador del asistencialismo Estatal, no tiene pelos en la lengua para decir que el salario mínimo está muy alto, que hay que disminuir la carga prestacional, que las pensiones de los maestros son onerosas, que hay que reducir impuestos a los ricos empresarios para que den empleo. Carrasquilla es el perfecto para ese papel porque le gusta y goza hacer de villano.

Para las contingencias del drama consecuentes con la reforma tributaria que se viene, nadie mejor en el Ministerio del Trabajo que Alicia Arango la fiel secretaria del senador-director, para proteger a los patronos y reprimir las huelgas y las manifestaciones de la clase trabajadora que seguramente animarán los políticos de la oposición.

Se sabe que tras bambalinas está Luis Alberto Moreno, director del BID, jefe, consejero y hoy consueta del presidente Duque, listo a advertirle desde Washington las acciones que más convienen para la participación de inversionistas extranjeros y a los intereses geopolíticos de EEUU.

De hecho, ya está libreteado el modo en que el país debe enfrentar el creciente narcotráfico: fumigación con glifosato, guerra indiscriminada en las zonas de cultivos, cocinas y rutas y persecución a consumidores y a los más frágiles eslabones de la cadena del microtráfico como medida populista que permitirá mostrar resultados.

Con respecto a la crisis venezolana, se actuará al lado de los gringos, para ello en el ministerio de defensa está un personaje mañoso para los negocios, Guillermo Botero, que instigará al régimen de Maduro con presencia militar en las fronteras y descaradas alianzas con los norteamericanos. Por si acaso hay bulla internacional nos representa en la OEA el fundamentalista Ordóñez, que sin duda intrigará contra toda expresión progresista en América-latina incluido el pujante gobierno de López Obrador en Mexico.

Está también la ministra de minas María Fernanda Suárez para autorizar que se “escunchen” los pozos de petróleo con el método fracking, para emitir al garete licencias ambientales a la megaminería codiciosa.

Y de la paz, que ya es un argumento menor en el libreto, se encargará un áulico de Uribe, Miguel Ceballos, alto comisionado para la paz, en cuyos parlamentos está claro que reproducirá el espíritu vindicativo del director, hostigará a los de la cúpula de las Farc y dilatará los diálogos con el ELN porque sabe cuanto bien le hace la guerra a los intereses políticos del Centro Democrático.

Es morboso seguir describiendo todas las peripecias de este drama del poder, prefiero terminar advirtiendo a los sectores progresistas, a los parlamentarios y partidos políticos comprometidos con las clases populares el desarrollo humanitario y ambientalmente sostenible del país, que también elaboren en conjunto un libreto, tan honesto como eficaz, para ejercer la necesaria oposición que impida al actual partido dominante hacer de las suyas con el país.

También le puede interesar: "Ordóñez en la OEA: ¿A defender los DD.HH.?"

 

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