¿Cómo avanza la reincorporación de excombatientes en el Cauca?

hace 1 hora
Por: Beatriz Vanegas Athías

¡Duélale a quien le duela!

La frase que titula esta columna era (es aún) el grito de batalla de los electores del hoy presidente Iván Duque, “el que dijo Uribe”, así lo cantaba en las presentaciones vallenatas duranta la campaña electoral el artista Jorge Celedón- entre otros cantantes-. Recuerdo el estribillo: “Duque, Duque, Duque, el que dijo Uribe” y la fanaticada saltaba enardecida y Duque en tarima le hacía coro a “Jorgito” Celedón, vaticinando con su euforia lo que habría de ser. Cuando esta práctica se volvió vergonzante, cambiaron el eslogan a “Duque es el que es” pero anunciado en compañía de su mentor. Para entonces esos millones de votantes, sólo sabían que Iván Duque Márquez era un senador del Centro Democrático popular por saber el número de crocs que tenía su mentor Álvaro Uribe y porque aquel, en pleno senado sacaba platanitos (mecaticos) de la bolsa del joven senador, mientras éste intervenía con ese tono de seriedad y convicción que hoy sabemos que él, el pobre, no se cree.

 En fin, que “el que es”, hasta ahora no sabemos quién es, ¿o sí? Sabemos -bueno diré mejor, sé para no presuponer- que es quien ha logrado hacer regresar la guerra a los territorios. Recuerdo el día de su posesión -va a ser un año- el escenario montado para ella estuvo cargado de lluvia torrentosa, vientos levantiscos e intimidantes. El libreto de los actores no ocultó la bipolaridad de este gobierno trágico: de un lado, el presidente del Senado cargado de rabia y palabras llenas de odio por la gestión del saliente presidente Juan Manuel Santos; y del otro, el ungido por Álvaro Uribe, contento, estrenando banda presidencial, llamando a la conciliación nacional y al borrón y cuenta nueva. Borrón y cuenta nueva para barrer con los pecados de su vilipendiado partido y para reiniciar un proceso de guerra: “! Duélale a quien le duela”.

 Y Duque, “el que es”, ha sido eso: el cancerbero celoso que ha cuidado con su parlamento fantasioso que la tragedia de la guerra y la muerte siga habitando la Colombia esperanzada del posconflicto. Va por el mundo y por los territorios de la Colombia alejada de Bogotá y Medellín, hablando de su enconada defensa del Estado de derecho, pero ignora Duque que el Estado de derecho en sí mismo no es importante, lo importante, -que es el fin de la política- es el buen vivir de, en y para la comunidad. No se puede hablar de un Estado de derecho si éste no se concreta en el buen vivir social. Trescientos once líderes sociales asesinados no dan cuenta de un buen vivir social.

 Además, de acuerdo con Investigadores del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agraria, en “el Plan de Desarrollo del presidente Duque, la restitución de tierras brilla por su ausencia. Solo en las bases del plan se hace referencia a la idea de enfocar la reparación a través de indemnizaciones económicas, abriendo la posibilidad de eliminar la restitución como la medida de reparación preferente (tal y como lo contempla el diseño mismo de la ley). Además, la continuidad se establece únicamente para aquellas solicitudes que ya están en trámite”.

 Afirma Marcelo Moricone que el Estado es un medio para la política en sí misma. El Estado no es una entidad abstracta, es una práctica cultural para construir un país en el que la democracia implique lealtad hacia fines compartidos y a nadie le duela cada decisión tomada por el presidente de turno, así se trate del cancerbero de Hades.

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