Por: Cartas de los lectores

Duele la frontera entre Ecuador y Colombia

La portada de la edición de El Espectador (6-sep-2019) me ha impactado de manera personal porque pertenezco a esas tierras.

Cuando se produjo el irracional cierre de la frontera colombo-venezolana y presenciamos escenas de espanto y dolor por la brutalidad de la decisión del dictador Maduro plasmada por la guardia civil de Venezuela, me permití hacer una comparación con la situación de la frontera colombo-ecuatoriana, y me parecía que por estos lares eso no se iba a replicar, porque, además, se tenía la experiencia positiva de la actitud del gobierno ecuatoriano de entonces de haber dado refugio a cientos y cientos de colombianos que huían de la violencia. Habían sido recibidos con todas las muestras de fraternidad y solidaridad.

Hoy esa realidad ha cambiado drásticamente y lo que sucedió y sucede aún en la ciudad de Cúcuta por la llegada masiva y desesperada de ciudadanos venezolanos, la vive al rojo vivo Ipiales, una ciudad acostumbrada desde tiempos inmemoriales a convivir con los altibajos de la economía fronteriza, pero siempre en un contexto de fraternidad y respeto con los comerciantes y en general con todos los ciudadanos de ese país; pero la situación derivada por el atasco de familias venezolanas que no cuentan con los recursos para tener visa ha generado una situación caótica. La ciudad se ha preparado, con la ayuda de Unicef para brindar lo básico: cobija y comida. Pero no puede más, nunca antes había estado enfrentada a semejante cadena de desamparo humano. Está desbordada.

¡Por Dios! Si escasamente tienen para comer, de dónde pueden sacar los US$50 para gestionarse ese documento en Caracas o Bogotá, que a muchos no les servirá sino para pasar a las volandas por Ecuador.

El Gobierno colombiano tendrá que hacer todo lo posible y hasta lo imposible para convencer al Gobierno ecuatoriano de buscar otras estrategias que les permitan a los dos países afrontar esta situación que ni Colombia ni Ecuador buscaron. Es parte de la tragedia humana que engendra toda dictadura, todo gobierno inequitativo, toda la corrupción de militares y civiles desde los más altos mandos del Estado hasta el vigilante más sencillo, que se cree con el derecho de sobornar y cobrar a esta pobre gente. Pero no nos pueden abandonar de esa forma.

Queremos ver en Ipiales las bondades del gobierno Duque a través de su canciller. No más declaraciones “enérgicas”. Queremos acciones contundentes.

Ana María Córdoba Barahona, Pasto.

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