Por: Alvaro Forero Tascón

Duque, ¿antipopulista?

Cuando de la mano modernizante de Iván Duque estaba a punto de dejarlo atrás discretamente, la prensa internacional prende los focos y define al uribismo como populismo de derecha.

El New York Times titula la noticia sobre las elecciones presidenciales: “Iván Duque, un joven populista, elegido presidente de Colombia”. También en el New York Times, en un paralelo entre las elecciones presidenciales de Colombia y México, el Ph.D. en Ciencia Política de Harvard, Javier Corrales, sostiene: “los colombianos eligieron a un presidente de un partido populista de derecha”. En una reciente edición de domingo de El País de España, el prestigioso intelectual mexicano Enrique Krauze, conservador que ha escrito libros críticos sobre el populismo de Hugo Chávez y Andrés Manuel López Obrador, sostiene: “tambien hay populismo de derechas: Trump, el fujimorismo, el uribismo”. El prestigioso periódico Financial Times dijo sobre lo que resultaría de las elecciones presidenciales: “una Presidencia caracterizada por la confrontación y la discordia. ¿Qué es populismo? preguntó Alvaro Forero Tascón, un columnista del periódico El Espectador. Es el fenómeno que domina la política colombiana … uno en la izquierda, otro en la derecha”.

Vengo planteando la tesis en esta columna desde hace años porque considero imposible entender la historia política de este siglo sin reconocer el fenómeno populista que la domina desde 2002. Recientemente muchos columnistas lo han señalado también. Que recuerde, Ricardo Silva, Francisco Gutiérrez, Juan Gabriel Vásquez, Carlos Caballero, Guillermo Perry, Hernando Gómez Buendía, entre otros. Con la aparición de Donald Trump y el ascenso mundial de partidos y presidentes populistas de derecha, eventos como el brexit y el triunfo del No, y el espejo de Fujimori, se hizo imposible continuar negando que el uribismo comparte los elementos del populismo autoritario moderno. Solo que está en una fase más madura. En la que el populismo de derecha, para mantenerse, le abre el camino al de izquierda por vía de indignación contra la élite política. A la que el populismo de izquierda agrega indignación contra la élite económica.

Con los focos internacionales prendidos sobre su partido, el presidente electo Duque tiene la difícil tarea de demostrar que no es populista. Que aunque su base electoral fue amasada con populismo, gracias a su estilo moderado y sus instintos liberales, logró sumar a sectores de centroderecha que le generan la independencia para dejar atrás la tendencia uribista a encarnar al pueblo puro contra los enemigos internos y externos, a personalizar el poder en detrimento de las instituciones, a usar la indignación y la rabia como combustible político. Y, sobre todo, para frenar los intentos de su partido de usar los consejos comunitarios, los referendos y los ataques a opositores políticos como herramientas populistas.

Porque ahora tendrá que enfrentar una oposición populista de izquierda, tan dura como la que le hizo el uribismo al gobierno Santos. Para poder hacer antipopulismo contra Gustavo Petro, no podrá legitimarlo haciendo lo mismo. Desafortunadamente tendrá que apoyarse en el clientelismo, como Santos, para aguantar la tempestad de indignación que sembró su mentor con populismo, y que buscará continuar Petro.

Le puede interesar:

 

También le puede interesar:

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Alvaro Forero Tascón

Sí se podía

Pacto político contra la xenofobia

Duque, ejecutor

Duque: antítesis o síntesis