Por: César Rodríguez Garavito

Duque, Bolsonaro y los incendios en la Amazonía

Hace unas semanas escribí en este espacio que las políticas antiambientales del presidente brasilero Jair Bolsonaro son una amenaza para toda el vecindario, incluyendo Colombia. Si faltaba alguna prueba, ahí están las imágenes de los incendios amazónicos que le están dando vuelta al mundo. Incendios que este año subieron 35 % sobre su promedio histórico y tienen relación directa con el aumento marcado de la deforestación que las políticas de Bolsonaro han promovido.

El “capitán motosierra”, como llaman muchos brasileros a su presidente, suspendió las sanciones a los deforestadores, dejó sin fondos y poder a las agencias protectoras de la Amazonía y los pueblos indígenas de la región, negó las cifras de los científicos estatales sobre la deforestación y nombró en puestos clave (como los ministerios de Agricultura y Medio Ambiente) a defensores del poderoso lobby de ganaderos y hacendados responsable de buena parte de la tala. Cuando la evidencia de los incendios se hizo inocultable, Bolsonaro acudió a los recursos clásicos del repertorio autoritario, acuñados en tiempos de la dictadura brasilera que tanto admira. Primero, probó la estrategia inverosímil de culpar de las quemas a una supuesta conspiración internacional liderada por ONG. Luego, cuando las críticas vinieron de presidentes como Macron y Merkel, sacó la carta de la soberanía nacional, como si la destrucción de la Amazonía fuera un asunto que solo concierne a Brasil.

En esto, como en lo demás de esta historia, Bolsonaro yerra malintencionadamente. Lo está haciendo, además, con la ayuda del presidente Duque y otros líderes de los países suramericanos que se ven más perjudicados por la irresponsabilidad del brasilero. Cuando Bolsonaro apareció ante las cámaras para repetir que la Amazonía le incumbe sólo a Brasil, lo hizo acompañado de un manso escudero, el chileno Sebastián Piñera. Iván Duque también le ha dado un espaldarazo a Bolsonaro, aunque Colombia tiene 10 % de la Amazonía y la estabilidad de nuestro sistema climático (incluyendo el de la zona andina) depende del reciclaje del agua y la humedad que tiene lugar en el 65 % ubicado en Brasil. Duque no solo ha guardado silencio sobre los abusos de Bolsonaro, sino que le ha dado un barniz de multilateralismo al argumento nacionalista y a la destrucción de la Amazonía, al llamar a una cumbre de los países de la región para firmar un pacto por la Amazonía.

El pacto se va a quedar en el papel, porque será firmado para legitimar las políticas del gobierno brasilero y el pobrísimo desempeño de gobiernos como el colombiano y el peruano frente a la deforestación en sus propios linderos de la Amazonía. Por supuesto, Bolsonaro aceptó de inmediato la invitación a la reunión.

Convocar cumbres es tan insuficiente como circular fotos por redes sociales rezando por la Amazonía, si los líderes y los habitantes de los países amazónicos, y los de otras partes del mundo, seguimos viendo para el otro lado. Y comiendo la carne, consumiendo la soya y comprando la madera que están detrás de los incendios del pulmón del mundo. Como comentaré en una próxima columna, es como tratar de apagar un incendio con una pistola de agua.

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2019-08-30T00:00:54-05:00

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