Duque-Claudia: las diferencias son de fondo

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La simplificación mediática y la manipulación política han querido presentar las diferencias entre el presidente Duque y la alcaldesa de Bogotá —en torno al manejo de la pandemia— como personales y mezquinas. En realidad son diferencias de fondo, ideológicas, de época y hasta de género.

Las crisis inicialmente llaman a la unidad, pero a la vez confrontan diagnósticos y tratamientos. En la medida que avanzan y se hacen evidentes los impactos y resultados, se profundizan las diferencias. Las diferencias entre Duque y Claudia han sido tan notorias porque, con el Congreso a media marcha, los partidos políticos apagados, los medios en el cuidado de la opinión pública, y los expertos y la “inteligentsia” abrumados, es la única voz que contrasta la del presidente de la República, quien está gobernando cómodamente por Decreto Ley. La alcaldesa de Bogotá es como el ciclista solitario que impone un ritmo de carrera muy exigente, peleando la punta con el líder de la competencia, que apoyado por su flamante equipo tiene que esforzarse ante cada arrancón para no dejarla escapar, y las cámaras solo muestran la punta de carrera porque los demás equipos van demasiado atrás. A diferencia de la competencia política normal entre gobierno y oposición, que en Colombia ha consistido en los últimos años entre populismo e institucionalismo, esta es una tensión respetuosa de las instituciones. Las encuestas muestran que los ciudadanos reconocen el desempeño de los políticos al frente del Estado y que no rechazan la complementación entre el nivel nacional y el local porque premian a este último en favorabilidad.

No estamos acostumbrados a ver diferencias entre alcaldes y presidentes porque normalmente no atienden la misma situación y porque tendían a ser de partidos políticos afines. Claudia López hace parte de un partido de oposición al Gobierno, pero además su llegada al poder tiene que ver con el cambio de época producido por la finalización del conflicto armado, mientras que Duque llegó impulsado por fuerzas que buscaban atajar esos cambios. Mientras Duque es sujeto de muchas presiones de sectores políticos y económicos que hacen parte de la coalición que lo llevó al poder, Claudia es más autónoma y menos comprometida con el statu quo, viendo en la crisis un giro mundial hacia su propia concepción política, menos neoliberal, de mayor reconocimiento del papel del Estado y de la necesidad de atacar la insostenible desigualdad social.

El énfasis de Claudia en el tema de salud coincide con un concepto del cuidado más propio de las mujeres, y que internacionalmente viene siendo reconocido como más efectivo por los resultados frente a la pandemia en países gobernados por mujeres, como Alemania, Nueva Zelandia, Taiwán, Dinamarca. Duque, por su parte, tiende a buscar un mayor equilibrio con el tema económico.

Un aspecto que parece de forma, pero que es de fondo, es el estilo de liderazgo. Duque es tradicional y apegado a la autoridad, mientras que López tiene la concepción de liderazgo transformador, entendiendo que los cambios adaptativos no requieren soluciones técnicas, sino cambios de comportamiento social, por lo que el líder más que facultades formales requiere inspirar con su visión y su ejemplo.

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