Por: Luis Carvajal Basto

Duque: entre halcones y palomas

Tenemos que andar muy despistados para no darnos cuenta que tras la tragedia del Cauca, y del país en los últimos 30 años, no están las instituciones que debemos preservar, si no el poder criminal del narcotráfico, reconocido por los colombianos en la encuesta de Gallup publicada el fin de semana, al subir, en apenas 2 meses, desde 16% hasta 21%,  como uno de los principales problemas de Colombia.

Al ministro de defensa, empresario talentoso, finalmente  las circunstancias y  pugnas políticas lo “molieron”, confirmando que  son diferentes la gestión pública y la privada; mucho más en la Colombia del posconflicto, con el “establecimiento” dividido y  una lucha política entre los ex presidentes Uribe y Santos de  la que el presidente Duque, como corresponde, ha tratado de guardar prudente distancia.

Pero Botero  no se fue por un error de las Fuerzas Armadas  en medio de una guerra irregular con el narcotráfico que ha convertido, desde hace mucho, a niños y jóvenes en carne de cañón: se fue  por la ausencia de una coalición de gobierno que la oposición propone ahora, luego de la renuncia del ministro, al notificar sus mayorías en el congreso. En la misma encuesta de Gallup  los niveles de aprobación del ministro  habían caido de 16% a 13% desde agosto, mientras las FF. AA, en cambio, subieron  10 puntos, desde 58% hasta  68%.Botero era, claramente, un objetivo político que unió a las dos “oposiciones” que ha debido afrontar Duque, además del “fuego amigo”: La que pide un cambio de “modelo” y sistema, con  la que considera que Uribe, y Duque por añadidura, le torpedean los acuerdos, convirtiendo esa  suposición en bandera política.

El mensaje con que el senador Barreras, denunciante de los hechos que determinaron la renuncia del ministro, dio su parte de “victoria” no pudo ser más claro: “Se requiere  un acuerdo nacional sobre la Paz firmada” dijo. Aunque el presidente Duque  ha hecho lo necesario para viabilizar los recursos económicos, organizacionales y políticos que garantizaran los acuerdos, al punto de generar desconfianza y controversia en el mismo Centro Democrático,  los sectores que los propiciaron  en el gobierno Santos, no se declaran satisfechos y los reclaman, lo cual equivale, en la práctica, a solicitar, o exigir, participación en el gobierno, aunque no se diga. Nadie cree que lo hagan por “desestabilizar”, tratándose de políticos curtidos que han estado pegados al “establecimiento” tantos años.

Duque se ha resistido  a la conformación de una coalición “a todo costo” y, en el entre tanto, se la crearon: Liberalismo oficial, Cambio Radical y la U, solamente, agrupan 44 senadores de 108. No ha sido complicado armarle esas nuevas mayorías. ¿Durarán? La decisión, todavía, depende del presidente.

Hasta ahora parecía suficiente, para crear esa unidad  o alianza afín al gobierno, su propia decisión. Con la movilización indígena y  los anunciados paros en perspectiva; la necesidad de aprobación de la Ley de financiamiento; las ambiciones de la oposición anti establecimiento, con la mira puesta  en 2022; la indudable injerencia  de Maduro y compañía, y la esquizofrenia mediática por la irrupción ciudadana en otras latitudes, quien sabe .O, mejor dicho, nadie sabe ahora cuál sería su costo. Al presidente  corresponde anticiparse; mover bien sus fichas en el juego.

Desde la óptica de las instituciones y el gobierno que las representa corresponde  persistir en la búsqueda de la unidad de la nación que afronta ahora múltiples amenazas y solicita grandeza de sus dirigentes. El presidente no ha convocado a sus electores y aunque este no parece el momento más adecuado para hacerlo, no quisiéramos imaginar si al paro y las movilizaciones del 21 sobrevienen contramarchas, como en Venezuela. Nadie puede olvidar que una mayoría eligió a Duque no hace mucho, pero el presidente ahora gobierna y debe obrar en consecuencia, para lo cual necesita  gobernabilidad en el congreso y  también en la opinión. No puede propiciar  esos vacíos. Como se vio en el congreso, alguien los ocupa.

Así que un ajuste en el gabinete está sobre la mesa. Un presidente advertido del escenario que se avecina   debe reflexionar acerca de la conveniencia de continuar con un gabinete, como el actual,  con más palomas que halcones  en un país en que la política se ha convertido en oficio feroz. Si alguien tiene dudas puede preguntar al ex ministro Botero.

@herejesyluis

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