Por: Antieditorial

Duque: esperanza real

Por Norman Mesa Lopera

El hecho político de la semana, que debió ser la llegada al poder de Iván Duque, sin duda se vio opacado por lo que fueron los términos y el escenario que utilizó el presidente del Senado, Ernesto Macías, y que dio tanto para hablar que ya no hay calificativos nuevos para refrescar la discusión. Tal vez sin proponérselo, de paso opacó un poco las marchas por la vida y la paz convocadas por la izquierda opositora colombiana. En eso no hay lugar a más discusión como para antieditorializar a El Espectador.

Lo que sí es un despropósito es sugerir a los lectores que los dos discursos —el del congresista y el del presidente, Iván Duque Márquez— pudieron haber sido ensamblados de manera estratégica en la misma organización política Centro Democrático para mostrarle dos caras al país. El del recién posesionado presidente, simplemente, observó los lineamientos que había trazado en la campaña, cuando tanto insistió en la unión de los colombianos en temas muy sensibles y que interesan a todos los sectores de la sociedad y, al hacerlo, jamás renegó de su condición de militante de ese partido político.

Da la impresión de que el periódico aprovechó esa coyuntura de discursos en doble vía para menospreciar el del jefe de Estado. Flaco favor le hacen los editorialistas a la sociedad, tratando de mostrar al presidente como partícipe intelectual del discurso motivo de críticas y satisfacciones, más cuando su juventud renovadora es la esperanza para deshacernos de ese fraccionamiento y polarización de los últimos años.

Es claro que el senador Macías —equivocada o acertadamente— habló en nombre de la corporación que preside, que por demás es una de las ramas del poder público con autonomía suficiente para desempeñar las tareas que se le encomienden, y el presidente comanda otro poder, el Ejecutivo, y no porque Duque y Macías sean militantes del mismo partido tienen que coincidir en todas sus apreciaciones políticas.

“Una cosa es el Centro Democrático, partido del presidente Duque, que valoramos, respetamos y que será fundamental para nosotros, pero otra es el Gobierno. Y es distinto el presidente Duque”, fueron palabras de la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, en una entrevista a El Espectador a propósito de la JEP, y esa frase, que es de lógica, ya le entrega un mensaje claro al país de que el Gobierno Duque no hará jugarretas con los demás poderes para sacar adelante sus iniciativas, ni mucho menos se prestará para sainetes de discursos direccionados a confundir a la gente.

Qué bueno que los medios —El Espectador uno— no prejuzguen como para anticiparle desastres al país en temas de manejo de Estado, pues es evidente que el editorial “Dos discursos que confunden” a eso apuntó, y el lector que crea palabra de Dios cualquier columna o escrito en un medio reconocido indudablemente después de leer ese editorial tendrá que decir “apague y vámonos… aquí no hay nada que hacer”.

Nos queda claro a muchos colombianos que la fe está intacta, que le creemos a Iván Duque y que aspiramos a que continúe en el propósito de unir sin alinear ni controlar a los demás poderes. De los miembros y fuerzas políticas del poder legislativo que preside Ernesto Macías aspiramos a que debatan y juzguen si estuvieron bien o mal representados en el acto de posesión del presidente, porque a juzgar por las manifestaciones a favor y en contra en redes sociales, las fuerzas están divididas, como dividido ha estado el país.

¿Será El Espectador un aliado para buscar unir al país?

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Antieditorial

Inmediatez

No normalicemos recibir plata en Colombia

Todo para analizar en la elección brasileña

¡Juepucha, juepucha! ¡La lucha sin capucha!