¿Loco o cuerdo?

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No es fácil gobernar un país en momentos tan complejos. Los estragos ya generados y los que se avecinan por cuenta de esta pandemia son un constante y cambiante “arbusto” de decisiones.

Ningún líder en ninguna parte del mundo se ha preparado para asumir los retos inherentes a esta crisis y, mucho menos, para tomar siempre las acertadas decisiones que se demandan. Ninguna universidad, empleo o experiencia prepara a alguien para este momento de la historia. Torear a este virus no tiene un libreto que pueda seguirse.

En esta complejidad, quienes menos capacitados están para actuar correctamente son los presidentes locos. Si algo ha demostrado el coronavirus es que quienes mejor lo capotean son los mandatarios cuerdos. Ya sabemos del desastroso manejo dado por Trump, Bolsonaro o Putin, cuyos países lideran las nefastas cifras de muertos y contagiados.

En Colombia no padecemos la desgracia de tener un presidente loco. Duque es un presidente inexperto, lleno de erráticas confrontaciones y hasta torpe, pero está lejos de ser un loco. Sin embargo, no solo los locos se han equivocado en el manejo de esta pandemia, hay cuerdos que, como Duque, lo han hecho de manera incongruente.

He respaldado muchas de las decisiones de Duque en el manejo de esta crisis, sobre todo aquellas tendientes a mantener el aislamiento obligatorio. Pero, en este momento, creo que Duque ha tomado una irresponsable decisión que conducirá a la muerte de miles de colombianos, que en buena medida hubiera podido evitarse.

Hay consenso sobre el hecho de que el aislamiento obligatorio no puede ser prolongado en forma exagerada. Se dice, con razón, que la economía no lo aguanta y, por ello, hay que retornar. Eso no pretendo controvertirlo. Lo que sí pretendo decir es que el inevitable retorno tenía condiciones y gradualidad para que resultara inteligente hacerlo. No es desacertado retornar, el tema es cuándo y cómo.

Estuvimos más de dos meses en aislamiento obligatorio con la finalidad de aumentar el número de camas en UCI y conseguir un incremento ideal en la práctica de pruebas. Hoy no tenemos listo lo uno ni lo otro. Por las razones que sea, el Gobierno no ha logrado concretar, ni de cerquita, las metas iniciales en estos dos propósitos fundamentales.

Duque, presionado por los intereses económicos que al parecer lo gobiernan, y para quedar bien con todo el mundo, comete el error histórico de acabar de un plumazo con el aislamiento obligatorio, mandando a todos para la calle mediante la expedición de un Decreto con 43 excepciones, en las que se encuentran cobijados más del 80 % de los ciudadanos. Duque, a punta de semántica, pretende librarse de la responsabilidad de haber levantado el aislamiento.

Esta inoportuna decisión, adoptada sin la preparación adecuada del sistema de salud y de forma generalizada (con 43 excepciones), traerá lo que durante dos meses de aislamiento obligatorio quisimos evitar: una catástrofe imposible de manejar, miles de muertos y contagiados.

Ojalá me equivoque y que Duque nos demuestre que él hace parte de los mandatarios cuerdos que han tomado las decisiones correctas y en el momento oportuno, pues lo demás solo causa muertos y más pobreza.

Ya veremos si Duque actuó como un loco, sin serlo, o como un presidente cuerdo.

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