Duque o la distopía

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Colombia es una distopía permanente. No es sino sufrir el talante del presidente Iván Duque (que tiene que recordar de manera explícita a una alcaldesa responsable y sensible como Claudia López) que él es el presidente, para saber que es la incertidumbre y el exabrupto, el destino cotidiano de los colombianos. No podemos esperar que este personaje elegido por orden explícita del verdadero presidente de Colombia, Álvaro Uribe (hoy silenciado extrañamente), se le ilumine de pronto, por azar, la capacidad de liderazgo, que, antes de la pandemia era el silenciamiento y la irresponsabilidad.

No es de esperar que, proveniente de un escándalo como el llamado “Ñeñe política” en el que se confirma la podredumbre e insensibilidad que rodea su elección, el presidente obrara con sensibilidad y sabiduría para afrontar la pandemia que asola al mundo. Los audios revelados por diferentes medios que configuran la perfidia de los dueños del dinero en la Costa Atlántica así lo indican; se trata de ganaderos y mujeres vulgares que no poseen un ápice de consideración hacia los ciudadanos que los votan eternamente y que es necesario mantener en la indigencia a través de la compra de su sufragio, ya que mantienen un orden político cimentado en la moderna esclavitud. Con pueblos y ciudades desindustrializadas. Con la fuerza de trabajo desperdiciada en el empleo informal: ¿Cuáles las fábricas de Santa Marta, Sincelejo, Cartagena, Riohacha, Valledupar, Montería y la mal llamada capital de la Costa Atlántica, Barranquilla?

Capitales y municipios aún con la experticia en hacer la vida oscura a sus habitantes, como ocurre con la empresa Electricaribe. Un país que tiene una clase media al borde de la pobreza; un país en el que los muertos por asesinato de líderes sociales (de acuerdo a www.indepaz.org.co )  asciende a 84, veintiséis desde la llegada del coronavirus, 16 desde que se decretó la cuarentena, 26 en el departamento del Cauca en lo corrido del 2020, 24 excombatientes de las Farc, firmantes de acuerdo, han sido asesinados en el 2020. El viernes 24 de abril fueron asesinados dos líderes, Floro Samboní Gómez en Almaguer Cauca (presidente de JAC) y Alejandro Llinás en Tayrona, Santa Marta (líder de Colombia Humana).

Es la distopía colombiana con su correspondiente y perfecto presidente que tiene sumido a los trabajadores de la salud en la pauperización y ante la llegada de la COVID-19 prefiere mostrar datos estadísticos como si se tratara de las falaces cifras del DANE en manos de Juan Daniel Oviedo quien trató, en verdad, trató de subirse a Transmilenio, pero no, no pudo. El juego de los argumentos falaces mostrados como argumentos de autoridad por parte de alguien como Iván Duque cuyo prestigio y confiabilidad hasta su propio partido pone en duda.

Nada cambia en esta distopía llamada Colombia. Al contrario, se exacerba: los fanáticos del odio agreden a los médicos y enfermeras afianzando ese arribismo y actitud muy colombiana de primero yo y mi clan, y al resto que se lo coma el tigre. Nada cambia, se exacerba: Ahí están esos terroristas de estado llamados alcaldes y gobernadores aprovechando la pandemia para robar lo mínimo que un gobierno como el de Iván Duque puede brindar: mercados, es decir, caridad.

 

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