Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Durban, a fuego lento

Finalizada la cumbre de las Naciones Unidas sobre cambio climático en Durban (Sudáfrica), el resultado es muy pobre.

El protocolo de Kioto se prorroga mínimo hasta el 2017, pero Estados Unidos se mantiene por fuera y Canadá, Japón y Rusia se retiran. Lo positivo fue que la Unión Europea lideró una propuesta para impulsar un acuerdo vinculante que se discutirá en el 2015, y los países más contaminantes, Estados Unidos, China, India y Brasil, aceptaron que este tipo de acuerdo es indispensable. Se espera que el acuerdo obligue a todos los países del mundo a generar compromisos frente al cambio climático. Delegados de casi 200 países se comprometieron a participar en las discusiones y construir dicho acuerdo vinculante. Pasarán los años y veremos.

Concretar el nuevo acuerdo será el tema central de la próxima cumbre en Qatar y Corea. Debería iniciar su ejecución en el 2020 y se espera que tenga fuerza legal. China e India ya manifestaron reservas. Nada está seguro: por ahora tenemos pocos compromisos efectivos, incluso menos que antes. Si algo efectivo queremos, es necesario que los países que sí se comprometen con el cambio climático comercien sólo entre ellos y cierren el comercio a los países contaminantes. Una medida de este tipo ablandaría a China, India y EE.UU.

De momento seguiremos viviendo los efectos del calentamiento global. Los apoyos financieros y técnicos para la adaptación de los diversos países al cambio climático, que se habían acordado el año pasado con la creación del Fondo Verde en la cumbre de Cancún (México), aún no llegan. Este fondo debería ya contar con recursos, pero la crisis económica global fue un mal aliado, pues los más comprometidos, los países europeos, hoy están presionados por su propia crisis económica. El compromiso sigue vigente y se espera que los recursos se asignen durante el 2012 para adelantar proyectos de adaptación al cambio climático y de transferencia de tecnología para el desarrollo limpio.

Esperamos que el compromiso de reducción de emisiones a partir del 2020 se haga realidad. Mientras tanto todos debemos prepararnos para crecer en economías bajas en emisiones de carbono. Colombia tiene este propósito como parte de su Plan de Desarrollo 2010-2014: falta ver cómo avanzaremos en este tema, pues son muy pocos los progresos que vemos en este sentido. Como economía emergente debemos combinar medidas de adaptación y mitigación. La necesidad de adaptarnos a las oleadas invernales nos obliga a tomar serias y costosas medidas de corto y largo plazo. Somos uno de los países más expuestos en el mundo a los efectos negativos del cambio climático. En mitigación debemos empezar a adaptar nuestro crecimiento económico, favoreciendo hábitos de demanda por productos asociados a bajas emisiones de carbono y asegurando la fijación del CO2 en nuestros bosques evitando la deforestación y recuperando la cobertura boscosa en las montañas andinas. En fin, mientras el mundo avanza lentamente en el debate para la construcción de un acuerdo sobre control de emisiones, nosotros debemos avanzar rápidamente para enfrentar los serios estragos que el cambio climático nos ha generado y nos seguirá generando. A la ola invernal seguirá una intensa sequía: para ambos extremos debemos prepararnos y la responsabilidad no es sólo del Sistema Nacional Ambiental sino de todo el Estado. Gobierno y sociedad civil, todos debemos actuar y ser efectivos. No hay tiempo que perder.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Reformando las CAR

Revés ambiental tributario

Transmilenio, ahora el aire cuenta

Cambio climático: implicaciones para Colombia

Reserva y pavimento