Por: Jaime Arocha

Durban II (I)

YA ME HE REFERIDO A LA CONFERENcia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en Durban (Sudáfrica) en 2001.

Dedicaré esta columna y las dos siguientes a reflexionar sobre Durban II, conferencia que tendrá lugar en Ginebra entre el 20 y el 24 de abril de 2009 para hacer el seguimiento de la primera, según la convocatoria de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esa arena internacional fue pensada para resaltar logros como los de Brasil, el Estado latinoamericano que en cumplimiento de la Declaración de Durban y su Programa de Acción, creó instituciones para identificar y poner en cintura las prácticas racistas, al mismo tiempo que introdujo acciones afirmativas para enmendar los mecanismos de discriminación que la sonada “democracia racial” no ha logrado corregir luego de haber sido introducida hace más de un siglo. Entre esas acciones sobresale la política de cuotas para la admisión de estudiantes negros e indígenas en las universidades públicas, reflejando el peso demográfico de cada una de esas poblaciones dentro del país.

Por su parte, tal ámbito habría sido el apropiado para decirle al Gobierno colombiano que las iniciativas para aplicar tal declaración más bien le han correspondido a las organizaciones de la base y a grupos académicos que a las propuestas estatales. En ese sentido fue significativa la presión que ejercieron las organizaciones políticas afrocolombianas para que el formulario del Censo de 2005 interpelara a los afrodescendientes, mediante denominaciones referentes a la identidad racial, tales como “negro” o “negra” o a la identidad ética, como “afrocolombiana”, “afrocolombiano”, “palenquero”, “palenquera” y “raizal”.

No obstante la pertinencia de la agenda de Durban II, es muy posible que no tenga lugar. Según el ensayo que el antropólogo brasileño José Jorge de Carvalho escribió para la revista madrileña Pensamiento Iberoamericano, “(…) el poderoso lobby sionista norteamericano está presionando a sus países aliados para boicotear Durban II”. Esa amenaza que se conocía hace más de un año, pero “se esperaba que, con Obama, Estados Unidos cambiase de posición. Desgraciadamente, para gran sorpresa de toda la comunidad negra de Iberoamérica, Estados Unidos anunció el 29 de febrero de 2009 que no irá a Ginebra”. Además, “presiona a sus aliados (…) para que vacíen políticamente (la conferencia), exigiendo que la ONU retire de la agenda (…) los dos temas que la justifican: las reparaciones por la trata de esclavos y la cuestión de los crímenes de Israel contra la población palestina. No importa ya si la ONU aceptará vaciar la Conferencia de su contenido para que Estados Unidos participe de ella; ¡lo grave es que el recién elegido presidente negro de un país de trayectoria notoriamente racista amenace retirarse de una Conferencia Mundial de Combate al Racismo!”.

Más adelante me referiré a ese poderoso lobby del cual habla Carvalho, así como de posiciones también fundamentalistas que ostenta la alianza cada vez más preponderante en Durban II, formada por Libia, Irán, Arabia Saudita, China y Cuba dentro del Consejo de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

* Grupo de Estudios Afrocolombianos Universidad Nacional

 

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