Echar globos

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En estas vacaciones de fútbol, obligadas por el coronavirus, vamos a extrañar todo el andamiaje de un juego universal. Es recordar aquello de valorar las cosas cuando se pierden. Confiesan los mismos actores, jugadores y técnicos, no sentir lo que viven a plenitud cuando hay público en las graderías.

Obviamente por intereses comerciales, a veces se juega a puerta cerrada, pero los protagonistas sienten un vacío de aplausos, reproches, silbatinas, que a la larga se constituyen en alicientes y acicates para un mayor rendimiento.

Por eso “echar globos”, advertencia que recuerda labores escolares y domésticas, es la solución a mano para continuar apegados a la pasión del fútbol en sí. Seguir conversando, discutiendo en cualquier círculo de amigos o de hinchas. Construyendo mentalmente alineaciones futuras, anticiparse a Carlos Queiroz en cuanto a la formación de la selección, disfrutar de los recuerdos en imágenes, sea en pantalla o en la mente.

Por eso el fútbol volverá, más temprano que tarde, y estaremos revitalizados para seguir sus consecuencias y regalos.

En términos poéticos y recurriendo a palabras que están dormidas, volver a ver las volutas de humo, cuando este asciende y los fumadores de tabaco las observan y, de contera, alimentan el espíritu futbolístico.

No sé, pero la pelota continuará rodando. Entre tanto, señores que no juegan, pero piensan en el fútbol, vienen madurando un idea: las federaciones de Inglaterra, Escocia y República de Irlanda sugieren que para las categorías sub-12 años, no se practique juego de cabeza en los entrenamientos.

La Federación inglesa ha sido más explicativa: “para categorías entre 12 y 16 años, el juego de cabeza será introducido a los entrenamientos de forma progresiva y con balones de tamaño adecuado y menos inflados”.

Esta novedad nació a raíz de un informe médico elaborado en la Universidad de Glasgow, que en octubre pasado reveló este detalle de su estudio: “con antiguos futbolistas escoceses evidenció que los jugadores tenían 3,5 más opciones de morir de una enfermedad neurodegenerativa que la media habitual”.

Quizás en Suramérica el estudio habría que hacerlo en Paraguay, donde sus defensas de todas las épocas se distinguieron por la capacidad del rechazo aéreo. Y ahora recuerdo al Tigre Benítez, a Lallana, a Eduardo Vilarete, a Lóndero, grandes cabeceadores. Y para el presente, la fortaleza de Cristiano Ronaldo en las alturas.

Suspender el fútbol resulta igual a quitarle a un adolescente de hoy sus herramientas tecnológicas. Ambas “sociedades” sufren y solo “echar globos”, es la solución inmediata.

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