Por: Gonzalo Hernández

¿Economía en lugar de implementación de los acuerdos?

Parece caso perdido pedirles a los candidatos que se refieran a la implementación de los acuerdos de paz como el tema central de una visión de desarrollo de largo plazo del Estado colombiano. Las acusaciones de que el Gobierno les está haciendo conejo a las Farc y a la comunidad internacional que respaldó el proceso podrían extenderse pronto a los gobiernos venideros si queda alguno de los candidatos que representa con éxito la indiferencia de un país que poco se sorprende con lo que está ocurriendo en Buenaventura, Tumaco o más recientemente con los indígenas en el Cauca. La olla de presión está pitando, y el recurso perverso de estigmatizar la protesta social como terrorista ya se les está agotando a los fundamentalistas.

Perfecto. Si la mayoría de los políticos cree que los acuerdos no son un buen catalizador de la reflexión sobre los problemas estructurales de este país, y en cambio les parece que la paz firmada es suficiente para pasar ahora a temas más atractivos, que nos hablen entonces de economía.

Al fin y al cabo, independientemente de nuestra posición frente a las negociaciones de paz, supongo que es razonable decir que todos estamos de acuerdo con que superar la mediocridad de nuestro crecimiento económico es una condición necesaria para el desarrollo, la inclusión social y el bienestar de nuestra sociedad.

Algunas preguntas para iniciar una conversación con los candidatos podrían ser: ¿cuál sería la estrategia de su gobierno para propiciar una mayor tasa de crecimiento económico y más empleo?, ¿cómo esta estrategia diversifica la estructura productiva y exportadora para tener una economía menos vulnerable a los choques externos?, ¿definirá sectores productivos claves para mitigar la dependencia en sectores minero-energéticos? ¿intentará ajustar los objetivos e instrumentos de la política monetaria, fiscal y de comercio exterior como parte de su estrategia?, ¿modificará las asignaciones del Presupuesto General de la Nación para hacerlo consistente con su estrategia de gobierno?, ¿reducirá, por ejemplo, los gastos en Defensa y Policía para invertir más en Educación, Ciencia y Tecnología?, ¿de qué manera su plan de desarrollo le apunta a atender la deuda social en educación, salud e infraestructura pública que el Estado tiene con millones de colombianos marginados?

Ojalá y lleguemos al momento en que evaluemos a los candidatos por sus respuestas a este tipo de preguntas en lugar de clasificarlos como lo hizo recientemente la revista Semana: “el más preparado”, “uribista con carisma”, “la mujer anticlientelista”, “el independiente”, “el estadista de la paz”, “el de los marginados”, “el liberal de las víctimas”, “el voto evangélico”o “el que pondría orden”. Tragicómico ver que nuestros candidatos presidenciales pueden ser presentados como personajes de una película de barata producción.

Pensándolo bien, no me sorprendería que ante las preguntas concretas sobre la economía colombiana varios candidatos respondan: ¿por qué no hablamos mejor de la implementación de los acuerdos de paz?

* Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana.

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