Por: Luis Carlos Vélez

Economía: jaque mate

En un país tercermundista como Colombia, el tema económico debería ser el de mayor importancia. Que no lo sea es la confirmación de que seguimos desenfocados en el largo plazo y que estas elecciones serán determinadas, lamentablemente, por otros temas que no deberían liderar la agenda nacional.

Mientras el debate político se centra una vez más en la Farc, el quinto tema de interés nacional, según la más reciente encuesta de Yanhaas para la gran Alianza de Medios, las papas queman en el frente económico. Me explico.

Hoy por hoy, el país se enfrenta al reto económico más severo de las últimas décadas. Tiene que escoger entre reducir impuestos para reactivar la economía o mantener la inversión extranjera. Sostener los dos escenarios al mismo tiempo parece ser incompatible.

Los datos económicos del tercer trimestre muestran un crecimiento apenas superior al 2 %, lo que llevará a que la economía apenas crezca 1,8 % este año. Para ponerlo en términos que todos podamos entender, esto significa que, en promedio, estamos prácticamente igual que el año pasado, es decir, perdimos el año. Estos malos indicadores se deben en gran parte a que la reforma tributaria que se implementó el año pasado frenó la industria y afectó severamente la demanda interna.

Tradicionalmente, cuando un país ve que su industria empieza a ceder, toma medidas para bajar tasas de interés y afloja su política tributaria. Es decir, les da aire a las compañías para que inviertan y posibilidades de endeudamiento a los consumidores para que gasten. Un círculo virtuoso que genera más gasto de los individuos, que eventualmente resulta en mayor tributación. Pero no, en Colombia, cuando la situación empezó a mostrar síntomas de enfriamiento, subimos las tasas de interés y los impuestos.

Pero ¿por qué fue así? En su momento, la reforma tributaria fue defendida desde el Gobierno como una necesidad para mantener la calificación de riesgo. Se dijo que la regla fiscal, es decir, el compromiso legal adquirido para mantener el país en márgenes aceptables de gasto frente a sus ingresos, era condición necesaria para la entrada de capitales desde el exterior. Y así fue. Gracias a esta medida, los flujos destinados a carteras de portafolio saltaron. Pero al mismo tiempo ese escenario se convirtió en una dieta de gasto restrictiva que dejó sin margen de maniobra a la administración, que empezó a recortar por donde pudiera para cumplir con sus objetivos de funcionamiento.

Como solución se ha propuesto lo mismo de siempre: buscar más recursos atacando la evasión de impuestos y enfrentando a la corrupción. Mayor control de gastos buscando más eficiencia en la administración pública y una estrategia a largo plazo en la que el país sea más competitivo y menos dependiente de los precios internacionales del petróleo. Pero ¿qué de todo esto le ha oído a los candidatos? ¿Cuál es la verdadera estrategia para lograr nuevos objetivos? ¿Cómo hacemos para solucionar este problema que mañana mismo puede explotar? La respuesta tiene que ser inmediata, porque otro año de crecimiento anémico puede dejar mucha gente en la calle y destruir industrias. Dicen que los países tienen los gobernantes que merecen, algo que es completamente cierto si como ciudadanos no empezamos a buscar respuestas a los verdaderos problemas que nos afectan a todos.

P.D: Grave la denuncia de Marta Lucía Ramírez este fin de semana. Asegura que su partido, el Conservador, aprobó la JEP por puestos y control en el Sena. ¿Otra prueba en favor de las denuncias realizadas por la doctora Nieto en contra del secretario Prada? Con esta declaración, ¿Marta Lucía le está diciendo adiós a su partido?

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