Economía sin corbata

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Thomas Carlyle calificó la economía hace más de 100 años como la “ciencia lúgubre” y no fue sin fundamento. Los economistas en general no somos buenos escribiéndole al ciudadano común, usamos excesivamente las matemáticas y explicamos apenas vagamente los diagramas a los que estamos entrenados a interpretar. Pocos economistas son capaces de transmitir lo fascinante que es la economía y su relevancia con el día a día; por esto no nos deberíamos sorprender al enterarnos que no somos populares.

Cuando empecé a enseñarle economía a mi prima de 10 años me vi desarmado; sin términos técnicos y sin números, obligado a usar las palabras y secuencias lógicas más elementales para enseñarle esta ciencia. Resultó que, con una brecha creciente entre conocimiento de los técnicos y laicos, ese ejercicio también le fue útil al ciudadano común.

Con mi prima no sólo enseñaba economía, sino que también la aprendía. El otro día me contó que le gustaba escondite con sus amigas y pero que no le gustaba que la profesora aparte de las reglas y los límites razonables, les decía qué jugar, cómo y en dónde. Le conté que compartía esa molestia cuando el gobierno pretendía escoger por nosotros. Cuando nos dice donde estudiar (esto cambió con Ser Pilo Paga), qué medio de transporte usar (nos prohíbe Uber) y qué alimentos comprar (según su preferencia de con quien negociar un TLC). 

Yo entre semana trabajo en una empresa internacional del sector financiero, ejerciendo la economía con corbata, números y conceptos. Los aprendizajes entran a golpes.

El fin de semana aprendo con mi prima de 10 años con palabras simples y juegos. Los aprendizajes vienen en suaves dosis de sentido común. La verdad, le aprendí a ella que se entiende más la economía siendo simples, sin números, sin jerga, sin corbata.

#EconomíaParaMiPrima

@Tinojaramillo

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