Por: José Manuel Restrepo

Economía y ecología: el legado de Francisco

Tuvo a bien invitar el Instituto Fiel, en cabeza del expresidente Belisario Betancur y Jorge Cárdenas Gutiérrez, a un grupo de académicos nacionales y extranjeros a hacer una reflexión del legado para la humanidad del papa Francisco en materia de sostenibilidad del planeta, como preludio de su visita a Colombia en dos semanas.

Es esta la oportunidad para que Colombia dé el primer paso en la construcción de una Ecología Humana Integral y que entendamos que nuestro país y la humanidad en general no viven sólo una crisis ambiental, sino que viven una crisis socio-ambiental muy compleja en la que el deterioro del medio ambiente se liga a los problemas de violencia, deterioro económico, exclusión y pobreza.

El primer paso es reconocer que estamos acabando con nuestro planeta. El mismo que en 1958 tenía concentraciones de gas efecto invernadero de 350 ppm (partes por millón) y que para el 2100 tendría 550 ppm y que como resultado de ello elevará en más de 7 grados Celsius su temperatura media entre el 2015 y el 2100. Un planeta que desperdicia una tercera parte de sus alimentos cuando millones de habitantes se mueren de hambre. Donde, como lo demuestra el Credit Suisse Research Institute, el 1 % de los seres humanos (32 millones de personas) disfrutan del 50 % de toda la riqueza, mientras que el 70 % de los seres humanos sólo disfrutan del 3 % de la riqueza del mundo. Un escenario de inequidad ecológica y además intergeneracional donde la mayoría sufre del deterioro ambiental y la gran minoría disfruta del abuso del mismo y donde las generaciones de mañana tendrán que recibir lo poco que quede de un planeta en destrucción.

El mensaje del papa Francisco es contundente. Es indispensable romper con la ruptura entre la casa que habitamos (ecología) y la casa que administramos (economía), y la única forma de hacerlo es encontrando un ajustado modelo capitalista y una nueva definición del progreso.

No podemos seguir en un sistema capitalista que obtiene beneficios a costa de los recursos futuros del ambiente o la salud, que “salva” a algunos de dificultades en detrimento de las mayorías (como sucedió en la gran crisis financiera del mundo con el sistema financiero), que ha venido construyendo una “economía del descarte” que se olvida de sus niños y ancianos desvalidos, y que promueve el consumo desaforado haciendo del mundo un gran centro comercial y convierte con sus residuos a la tierra en un gran “depósito de porquería”.

Una de las formas a través de las cuales Colombia puede construir posconflicto (a pesar incluso de la caída en el presupuesto nacional de recursos para el medio ambiente en un 25 %), es comprometerse a formar una ciudadanía ecológica integral que entienda la armonía que debe existir entre economía y ecología, que no endiose a ninguna de las dos y que permita que ambas convivan.

Esa nueva formación ciudadana supone también una educación en responsabilidad ecológica que armonice desarrollo con solidaridad, que supere la idea de la persona como una unidad más del sistema de consumo y que recupere el valor de los marginados en el desarrollo. Una educación que no sólo se dedique a la denuncia ambiental o a informes sobre derechos y deberes ecológicos o a promover mejores prácticas para el ambiente, sino que también insista en el desarrollo de virtudes ecológicas y buenos hábitos que permitan que el mundo cuide su casa común.

Este es justo el mensaje central de Francisco en su encíclica Laudato Si, que es mucho más que un mensaje sólo para una religión o para sus seguidores. Francisco tiene un mensaje para la humanidad, para nuestros legisladores y actores de política pública y empresarios, para los medios de comunicación, para las instituciones educativas y en general para todos los ciudadanos.

Justo por ello es un buen momento para decir “Bienvenido Francisco a Colombia” y que sea este un momento para construir de nuevo esperanza, diálogo y reconciliación en una nación que ha perdido la capacidad o le cuesta trabajo construir sobre ello. Sólo así seremos inteligentes en aprovechar ese océano azul de oportunidades que tiene nuestra querida nación.

 

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