Por: Eduardo Sarmiento

Economía y globalización

La principal víctima de la globalización es la separación entre el crecimiento y la equidad.

El próximo miércoles lanzaré el libro Economía y globalización, editado por Norma. La obra precisa la naturaleza de la globalización, evalúa sus consecuencias y avanza en nuevas teorías y propuestas institucionales. Aparece en un momento en que las tesis centrales se ilustran con la crisis hipotecaria subprime, el desprestigio de los bancos centrales, el alza de los precios mundiales de los alimentos, el rechazo del Partido Demócrata al libre comercio y el regreso de la estanflación.

Las reformas de la globalización han significado la desregulación de los mercados, el predominio de los bancos centrales que le dan prioridad a la inflación, la liberación comercial y la orientación de la política pública con criterios de eficiencia. En esta obra se muestra que las teorías que sirvieron para justificarlas, entre ellas la inflación monetaria, la teoría comparativa, el crecimiento determinado por la tecnología, la liberación comercial, la separación entre la eficiencia y la equidad, han sido controvertidas por la misma globalización.

La mejor ilustración está en las teorías de comercio internacional, o si se quiere la ventaja comparativa, que fueron concebidas para economías pequeñas y aisladas que funcionan dentro de un mundo ideal de dos productos y dos países. Sin embargo, no tienen validez en el caso de economías integradas que intercambian una alta gama de productos comunes. A diferencia de la ortodoxia, el comercio reduce el salario por debajo de la productividad, amplía la brecha entre mano de obra calificada y no calificada y favorece a los países que tienen ventaja comparativa en los bienes de mayor demanda, como son los bienes complejos.

Lo mismo ocurrió con la teoría monetaria, la abstracción más connotada de la ciencia económica y con mayores pretensiones de convertirse en instituciones irreversibles. En un mundo globalizado no hay ninguna razón para que se cumpla la teoría cuantitativa del dinero, según la cual el dinero no tiene efectos reales y sólo se manifiesta en el nivel de precios. En los últimos años se observa que las condiciones de liquidez mundial interna son las principales causas de la actividad

productiva y que el sector financiero no se ajusta pasivamente al conjunto de la economía. Las políticas monetarias orientadas a bajar la inflación han causado grandes ciclos que frenan el crecimiento económico e introducen inestabilidad financiera y cambiaria.

La información más reciente muestra que la tecnología no es la principal fuente de crecimiento de las economías de América Latina e incluso del Pacífico Asiático. Por el contrario, sus principales fuentes son la demanda y el capital. Las concepciones teóricas de que el dinero y el tipo nominal de cambio no tienen efectos reales, sirvieron para justificar el criterio de la inflación objetivo y los ajustes fiscales del FMI, frenaron el crecimiento, facilitaron el desempleo e incrementaron la inestabilidad financiera y cambiaria. El logro de altas tasas de crecimiento está condicionado en primer lugar a la industrialización como motor que de las bases para la capitalización, el equilibrio de la balanza de pagos y la demanda inducida y sostenida por las exportaciones de alto valor agregado y el mercado interno.

Sin duda, la principal víctima de la globalización es la separación entre el crecimiento y la equidad. La información de los últimos veinte años muestra que la distribución del ingreso tiende a deteriorarse dentro de los países, contrariando a Kuznets y el Banco Mundial. En otros términos, el crecimiento dentro de la globalización deteriora la distribución del ingreso. Asimismo, se muestra que las políticas públicas guiadas por la eficiencia son poco efectivas para reducir las desigualdades y cuando lo logran hacen ese cambio de reducir el crecimiento económico y el empleo.

Si bien estos resultados son aceptados en algunos círculos influyentes de la academia, los organismos internacionales y los gobiernos, las causales no han sido dilucidadas y, lo peor, se ocultan. Las teorías que inspiraron las instituciones y las políticas se mantienen incólumes y, más aún, son las bases para corregir los estragos y fracasos. De ahí que las crisis que se observan en unos países se replican en forma casi idéntica en otros lugares, incluso en los mismos países.

En síntesis, la obra cuestiona los pilares centrales del desarrollo, muestra que están fundamentados en teorías universales que no se confrontan con las realidades de América Latina y Colombia y contribuye a reformularlos a la luz de las condiciones propias de los países. Sobre estas bases se avanza en proposiciones y relaciones que tienen como referencia Colombia y la región y se materializan en una propuesta para alcanzar altas tasas de crecimiento, reducir las desigualdades y garantizar la estabilidad financiera y cambiaria. Los pilares centrales de la propuesta se sintetizan en la coordinación y selectividad fiscal y monetaria para alcanzar diversos propósitos y orientar el crédito y la liquidez en favor del empleo, el motor de industrialización y la política pública que le dé abierta prioridad a la equidad.

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