Por: Andrés Hoyos

Economistas

ESCRIBÍA YO AQUÍ HACE UN TIEMPO que la ciencia económica no pasa por su mejor época, habida cuenta de una crisis colosal que casi nadie en la profesión vio venir, pero los viejos hábitos son difíciles de extirpar y algunos economistas se están cortando otra vez ropajes pontificios para hablar ex cathedra, sin percatarse de que por cada análisis infalible que profieren en un sentido, escarbando un poco uno encuentra el análisis infalible de sentido contrario.

Dado que la economía puede ser una disciplina contraintuitiva, se da el caso de PhD que exacerban el asunto y se vuelven inmunes al sentido común, por lo que no sobra que los legos metamos baza con el debido respeto. Pensemos en la revaluación que ha venido destruyendo empleos en Colombia como una manada de ratones acabando con el queso. Decía la muy premiada Ana María Ibáñez que una de las razones para nuestro alto desempleo es el elevado costo del salario mínimo —no sé por qué no le han llovido rayos y centellas—, pero se le olvidaba mencionar que una cosa es calcularlo a 1.800 pesos por dólar y otra a 2.300, por mencionar una cifra razonable. Los manuales dicen que la tasa de cambio debe ser libre, así la revaluación mate al país. China dice lo contrario y el sentido común sugiere que China mata manual. ¿Y por qué el Emisor no puede imprimir los pesos que le permitan comprar grandes cantidades de dólares ahora que la inflación está tan baja, usando si quiere otros mecanismos para moderar la oferta monetaria? Los dólares se estarían comprando a 1.800 pesos, de modo que si llegan a 2.300, la utilidad en pesos sería del 27%, resultado muy preferible a la cuantiosa pérdida que el Emisor acaba de contabilizar por cuenta de la doble devaluación del euro. Con esos muchos dólares, Dios no lo quiera, se podrían adquirir títulos de deuda pública colombiana denominada en dólares, cuyo jugoso spread actual agregaría varios puntos más a la utilidad del Emisor, reduciendo de facto la deuda pública del país. ¿Lo prohiben los manuales? Los de aquí quizá, porque la Reserva Federal anda comprando bonos del tesoro americanos sin ruborizarse. Más adelante quizá vendría el grado de inversión para Colombia, lo que aumentaría más la ganancia de cualquier adquisición de deuda colombiana. No digo que un banco central tenga que usar siempre criterios de rentabilidad, pero sí que negarse por principio a pensar en ellos constituye un desatino.

En las mentes de José Darío Uribe y sus alegres compadres parece operar un complejo de superioridad que dice más o menos lo siguiente: el Gobierno es un niño chiquito, y si le damos el bananito, luego nunca dejará el feo vicio del déficit. El sentido común de nuevo dice que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Me parece de rigor concluir con unas palabras en favor de la heterodoxia. Nada más fácil que inscribirse en una escuela de pensamiento —cualquier escuela — y volverse un discípulo fiel. Mientras la escuela-iglesia sigue vigente, el ortodoxo mantiene su prestigio y su poder, así con el tiempo la realidad contradiga el dogma de la escuela y quede claro que las excepciones importaban más que las reglas, como sugería Karl Popper. Por ello mismo, el camino heterodoxo puede ser fértil. Huelga decir que las ortodoxias suelen ser heteredoxias que alguna vez se aburrieron de pensar.

Doctor Uribe (José Darío): queme un par de manuales. No se arrepentirá.

 

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