Por: Julio Carrizosa Umaña

Ecosistemas, ciencia y paz

En los ecosistemas planos y de clima templado, con veranos, inviernos, primaveras y otoños definidos, las guerras duran menos y la paz es más sostenible. Probablemente esto se puede explicar desde las ciencias políticas, las sociales y las económicas.

Inclusive, los estudiosos de la guerra explican como las planicies permitieron los enfrentamientos de tanques que fueron decisivos y justifican la demora en la terminación de la Segunda Guerra Mundial analizando los problemas creados por los bosques y colinas de las Ardenas. Todos sabemos quién fue el general que derrotó a Napoleón en Rusia; era en los deshielos de la primavera y en los calores del verano, cuando las legiones romanas se ponían en movimiento.

Las planicies con climas estacionales y el acceso a los océanos facilitan las relaciones humanas y favorecen las economías; el auge económico de los EE.UU. se originó en la producción de cereales en los espacios rurales planos gigantescos de Ohio y se consolidó gracias a las universidades y las industrias costeras; la industria del Imperio Británico no se desarrolló en las montañas escocesas ni en la India conquistada, sino junto a las academias, a lo largo del canal.

Sin embargo Suiza, construida sobre las montañas, es ejemplo de paz y de prosperidad; un experto en competitividad explicó la semana pasada que una de las razones de esta anomalía era que los físicos, ingenieros y economistas suizos habían definido como prioritaria la fabricación de relojes, de alto valor unitario y fáciles de transportar hasta las costas. Hay otras razones de la estabilidad suiza que se estudian desde la sociología, la psicología, las ciencias políticas y hasta la neurología.

En el siglo XVI Cieza de León, uno de los cronistas de la conquista, escribió que la escasez de agua y de frutas en el Perú explicaba por qué la conquista de los incas había sido tan rápida en comparación con la subyugación de las decenas de comunidades indígenas de la Nueva Granada. Habría que agregar que la exuberancia de la naturaleza justificaba también por qué aquí no se había constituido nunca un imperio.

El pasado 25 de septiembre los representantes de varias academias indicaron qué aportes podrían hacer para lograr la paz en Colombia. La Academia Colombiana de Ciencias Exactas hizo un llamamiento al realismo fundamentado en una mayor comprensión del país y todas se comprometieron a trabajar unidas en ese empeño.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Julio Carrizosa Umaña

Hacia una sociedad más compleja II

La complejidad de la violencia

La complejidad de la verdad

La coca y la economía socioecológica