Por: Cristo García Tapia

Ecuador competitivo

Admitir que son “milagro” los logros alcanzados en benéficos aspectos del desarrollo de la sociedad, es dar por descontado que cuanto en esa dinámica ocurre es consecuencia de fuerzas y poderes sobrenaturales.

 Y no, del concurso fáctico del individuo en su condición de ser social, político, económico y cultural.

Devenido en fuerza productiva y en contextos formales y legales, el hombre construye y transforma la sociedad con la concurrencia de otras categorías igualmente objetivas como son el modo, las relaciones y medios de producción.

Justo ahí, en esa cautivante y no menos contradictoria simbiosis de fuerzas, es cuando sobrevienen los saltos cualitativos que, en estadios diversos de su historia, dan las sociedades en su conjunto o las naciones en particular.

Por tal, no es ningún poder sobrenatural el que provoca tales sacudimientos en la corteza social. Es el hombre moviendo la rueda de la historia, empujándola en su interés y provecho y en el de sus congéneres el que inspira todo lo que en esas coordenadas acontece y deviene.

En ese orden de ideas, cuanto ha alcanzado Ecuador en aspectos relevantes de su crecimiento y desarrollo es el resultado de una visión enfocada en el tipo sociedad que la nación aspira y de la puesta en marcha de políticas estructuradas apuntando y construyendo en esa dirección desde y hacia sectores estratégicos en lo económico y social del país vecino.

No otra es la razón por la cual la educación ha sido priorizada en todos los niveles como pieza clave de los procesos transformadores emprendidos, al igual que la infraestructura vial, la innovación, ciencia y tecnología.

Por eso no es de extrañar, ni atribuible a un milagro, que Ecuador haya alcanzado y mantenga los altos índices de competitividad que hoy le otorga el Foro Económico Mundial, muy por encima de naciones del continente latinoamericano que hace ya tiempo se acercaban al umbral del primer mundo en materia de desarrollo, crecimiento y prosperidad.

En cuanto a Colombia, y coincidiendo con Dinero, es verdad que “deberíamos poder”, solo que cuanto comprobamos, en los mismos indicadores en los cuales Ecuador ha dado el gran salto, es que no hemos podido.

Ni estamos empujando la rueda en la dirección correcta y con las fuerzas requeridas para poder. Ni creando las condiciones que hagan posible la inspiración de políticas y liderazgos aptos para ese alumbramiento.

En tanto sigan siendo accesorias las estrategias de competitividad y no políticas de Estado, es poco probable que Colombia supere el estancamiento vergonzante que en esa variable de su desarrollo y crecimiento denota.

Del mismo modo, si en educación, básica y media, no se privilegia la calidad y cobertura, y en ciencia, tecnología e innovación, CT+I, no se apropian y controlan los recursos públicos suficientes para desarrollar estos componentes básicos del crecimiento y progreso social, ninguna fuerza sobrenatural ni milagro van a hacer posible que avancemos en la senda de la prosperidad que trae consigo el conocimiento a las naciones.

A lo mejor, esperamos de algún santo o mesías el milagro que en Ecuador hacen Correa y sus políticas de crecimiento, desarrollo e inserción en el torrente global, de un modelo competitivo en lo económico, incluyente en lo social y, en lo político, convincente y audaz.

*Poeta

@CristoGarciaTap

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