Por: Cartas de los lectores

Editorial del lunes

Teniendo en cuenta que El Espectador se ha caracterizado por la objetividad en sus opiniones y por la rigurosidad al momento de informar o dar su opinión, con gran preocupación he leído su Editorial titulado “¿Para qué tanta zona franca?”, pues en mi concepto no se ajusta a la verdad en cuanto algunas características del régimen que se aplica hoy a esas zonas.

El Editorial tiene varias imprecisiones. En primer lugar, menciona que una simple remodelación de una fábrica calificaría para garantizar un monto alto de inversión. Esta afirmación no es cierta pues el régimen privilegia la inversión nueva y, en el caso de que se quisiera aplicar el incentivo a la inversión existente, se exige que la empresa solicitante duplique la renta líquida gravable determinada a 31 de diciembre del año inmediatamente anterior a la fecha de declaratoria de la zona franca. Es decir, se establece una salvaguardia para que la inversión preexistente no se beneficie con la rebaja en la renta, si no logra duplicar sus ingresos. Se plantea igualmente que las zonas francas en Colombia estarían facilitando que empresas con filiales transmitan los costos a nuestro territorio y las ganancias a otros destinos, y se menciona que en las aduanas, frente a productos de alto valor, estas zonas francas estarían “subreportándolos”. No existe ninguna razón que posibilite el manejo de los precios de transferencia con mayor amplitud en una zona franca que en el resto del país. Por esa razón no se entiende por qué las zonas francas podrían facilitar esta práctica, que se materializaría mediante una supuesta sobrevaloración de productos para generar las ganancias en el exterior. En tercer lugar, se califica como bochornosa a la estabilidad jurídica como una forma en que grandes capitales pueden blindarse, cuando existe consenso en que es precisamente la estabilidad jurídica la herramienta más importante para incentivar la inversión. A nivel mundial se han adoptado múltiples programas frente a la crisis. La OMC, en junio del año pasado, en el documento WT/TPR/OV/W/3 presenta una recopilación entre la que cabe destacar el American Recovery and Reinvest Act y, en el caso de Brasil, el Programa de Aceleración PAC2. Bajo el actual escenario internacional, en el que se está tratando de reactivar el consumo y enfrentar la crisis, no parecería acertado satanizar a las zonas francas como herramientas para atraer inversión en circunstancias en las que resulta de la mayor importancia mantener el dinamismo de la economía. Espero que en futuras oportunidades, cuando se decida escribir sobre las zonas francas, se tengan elementos objetivos que garanticen que el lector será adecuadamente informado y no que se hará eco a percepciones que no obedecen a la realidad.

Olga Lucía Lozano. Bogotá.

 

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