2017: un año complejo

El 2017 será cuando empecemos a ver las consecuencias de las decisiones tomadas en el 2016.

Hace una semana utilizamos este espacio para hacer un recuento de un año lleno de tensiones, de posiciones radicales sin voluntad de conciliación y con mucha incertidumbre en el ámbito político y económico. El 2017 será, entonces, cuando empecemos a ver las consecuencias de las decisiones tomadas en el 2016. A continuación proponemos algunos temas que, nos parece, deben tener la atención del país.

La paz, con todos sus detractores, seguirá en la agenda política del país. Son varias las consideraciones en este punto. Primero, el Congreso seguirá con la implementación de los acuerdos de La Habana en un proceso que tiene pendiente, todavía, obtener legitimidad entre la población. No pueden olvidar el Gobierno ni sus aliados que las maromas realizadas en el 2016 han dejado a muchos colombianos sintiéndose excluidos y que en un año electoral eso puede ser capitalizado por quienes buscan obstaculizar lo pactado.

Segundo, será importante ver cómo entran en vigencia los cambios prometidos en el Acuerdo de Paz. Después de las reformas en las instituciones agrarias, por ejemplo, ¿tendremos por fin un campo mucho más competitivo e inclusivo o seguiremos perpetuando los mismos vicios de la historia de Colombia?

Tercero, habrá que ver el rol que la paz cumple en las campañas políticas. ¿Podrán las Farc empezar sin problemas su conversión en un partido? ¿Se consolidará una coalición en defensa del Acuerdo? ¿El Gobierno podrá evitar el asesinato de líderes sociales, que, insisten las autoridades, no es “sistemático”?

Cuarto, ¿por fin avanzará la mesa de negociación con el Eln o seguiremos con ese conflicto al rojo vivo? ¿Y qué pasará con el poder de las bacrim? ¿Y la influencia perversa del narcotráfico?

El otro gran reto, como lo vimos una y otra vez, será avanzar en la lucha contra la corrupción. ¿Seguirán dando fruto las investigaciones de la Fiscalía, la Contraloría y ahora la Procuraduría de Fernando Carrillo? Esperamos que el país sepa más sobre los robos de alimentos en La Guajira, el caso de Odebrecht y lo ocurrido con Reficar.

En lo económico, son muchas las preguntas. ¿Logrará la reforma tributaria evitar que reduzcan la calificación crediticia del país? ¿Mejorará así el flujo de inversión extranjera, a pesar de un Estados Unidos que ha prometido invertir en infraestructura y seguir aumentando las tasas de interés (atrayendo así recursos y compitiendo con el resto del mundo)? Y, hablando de la reforma, ¿qué consecuencias tendrá internamente? ¿Se verán muy afectados los colombianos por la nueva carga tributaria? ¿Las empresas decidirán invertir o acumular sus recursos? ¿Qué tan competitivo será el país después del reajuste del 2016? ¿Volveremos a tener un paro camionero nefasto para la economía nacional? ¿Aumentará, como se espera, el precio del petróleo?

Finalmente, también hay preocupaciones globales que no se pueden descuidar. Más allá de la posesión de Donald Trump y lo que eso represente para la estabilidad mundial, ¿triunfará la ultraderecha en las elecciones de Francia y Alemania? ¿Ganará en Chile la Presidencia el discurso xenófobo que afecta a la enorme cantidad de colombianos que viven en ese país? ¿El cambio de gobierno en Ecuador influirá en el proceso de paz con el Eln? ¿Terminará Venezuela su camino al colapso, afectando aún más los departamentos fronterizos?

¿Estaremos como país a la altura de los retos a la democracia y los valores liberales? Será un año muy complejo.

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