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hace 2 horas

90 años del gremio cafetero

Los cafeteros le han dado una lección de civilidad e institucionalidad al país, que debería ser referente en estos tiempos de intolerancia y soluciones simplistas. / Foto: Óscar Pérez - El Espectador

Han pasado 90 años desde que un grupo de productores se reunió en Medellín para crear la Federación Nacional de Cafeteros. En aquel lejano 1927, la industria cafetera ya era una actividad económica significativa para el país y para gran parte de las regiones de Colombia. Y lo sigue siendo: con 2.400 millones de dólares en divisas, continúa siendo el primer producto de exportación no minero ni petrolero, irrigando sus ingresos en más de la mitad de los municipios del país a través de 550.000 productores del grano.

La Federación de Cafeteros ha enfrentado diversas crisis de precios y retos a lo largo de su historia. Entre sus logros destacados se encuentra la creación de una marca y una propuesta de diferenciación para un commodity, caso sin duda excepcional en el mundo de las asociaciones de productores. Buen café, una sofisticada operación industrial y comercial de café liofilizado, y Cenicafé, su centro de investigaciones, también constituyen motivo de orgullo para la agremiación de los cafeteros colombianos. A estas destacadas labores se suma el trabajo de los últimos 15 años, asociado con el desarrollo de la marca Juan Valdez, que ha generado cuantiosas regalías a favor del Fondo Nacional del Café y contribuido al posicionamiento del café colombiano como producto excepcional.

Quizá su mayor logro es el menos conocido. La Federación está constituida por 366 comités municipales de cafeteros y 15 comités departamentales, cada uno de ellos compuesto por seis productores principales y suplentes que son elegidos por los mismos caficultores y que se reúnen a discutir sus problemas y retos, quincenal o mensualmente. Ese marco institucional, encuadrado en la llamada democracia cafetera, permite que en nuestro complejo país rural se dialogue y se discuta sin violencia y se busquen soluciones con el concurso de aliados y autoridades locales y nacionales. Se trata, sin duda, de una lección de civilidad e institucionalidad que le han dado los cafeteros al país y que debería constituirse en un referente en estos tiempos de intolerancia y soluciones simplistas para los grandes problemas nacionales.

Valorar esa institucionalidad y a la vez entender que los ingresos cafeteros no permiten que la Federación pueda hoy seguir cumpliendo el papel de antaño como, en la práctica, un sustituto del Estado en muchas regiones forman parte del proceso de adaptación necesario y que está en el centro de las actividades de celebración de estos 90 años. En el Congreso Cafetero, del próximo 10 de julio en Medellín, se deberán aprobar los nuevos estatutos, para los cuales, siguiendo el mismo camino de la democracia cafetera, se ha consultado a la base cafetera en departamentos y municipios del país. Y el primer foro de países productores de café permitirá revisar los problemas centrales del negocio global, tales como el cambio climático, la inestabilidad de las cotizaciones, el incremento de los costos, la reducción de la rentabilidad y la necesidad de capturar mayor valor en favor de los cultivadores.

Felicitaciones, pues, a los cafeteros de Colombia por haber mantenido una sólida institucionalidad a pesar de las dificultades. La articulación de esfuerzos y el trabajo colectivo bajo su marco institucional serán, sin duda, necesarios para un sector que sigue siendo fuente de seguridad y estabilidad para casi 600 municipios de Colombia.

 

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