La absurda paradoja de la OEA

Almagro, un hombre de izquierda y excanciller de Pepe Mujica, se ha constituido en un pilar en la defensa de la democracia y los derechos humanos. Sus misivas al presidente Maduro y la presidenta del Consejo Nacional Electoral poniendo los puntos sobre las íes muestran una diferencia.

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, le ha dado independencia y peso a la Organización, pero, por eso mismo, los países como Venezuela y Brasil le han cortado la financiación. / EFE

La Organización de los Estados Americanos (OEA) ha vivido los vaivenes de las cambiantes realidades políticas en las Américas. Del abierto intervencionismo durante la Guerra Fría pasó a ser utilizada de manera conveniente por Venezuela y el Alba en los últimos años. Ahora que su nuevo secretario general, Luis Almagro, comenzó a cambiarle la cara y a actuar de manera adecuada, su grave situación financiera la tiene en un complejo laberinto. Podría verse forzada a cerrar sus puertas en junio ante el no pago de cuotas de Brasil y Venezuela. Así de dura viene la mano.

¿Cómo se llegó a esta situación? El tema no es nuevo. De hecho, quienes conocen la OEA dicen que este problema ha sido recurrente en los últimos ocho años. Tiene un presupuesto anual de unos US$82 millones y la mayor parte de los mismos los aportan Estados Unidos (55,6%), Brasil (11,6%), Canadá (9,9%), México (6,3%), Argentina (2,2%) y Venezuela (2%). Es decir que seis países aportan en total el 90% de su fondo regular. Las cuotas se han incrementado en los últimos años por debajo de la inflación, mientras que la administración vive el desangre de reducir gastos y recortar personal de manera sostenida. Así las cosas, el hueco que deja el impago de Brasil, con más de US$14 millones, y Venezuela, con más de US$5 millones, pone a la institución al borde del cierre de actividades por problemas de flujo de caja.

De ahí la paradoja. En los últimos años han arreciado las criticas al organismo regional por su inactividad política frente a Venezuela y algunos países del Alba. El peso de la chequera petrolera de Caracas llevó a que ningún país, ni su secretario general, se atrevieran a agarrar el toro por los cuernos. El intento de María Corina Machado para hablar ante su Consejo Permanente fracasó cuando 23 países se alinearon para impedirlo. Hace unos meses, cuando el gobierno de Colombia quiso convocar una reunión de consulta de cancilleres por el drama de los deportados en la frontera, hubo una votación en la cual el presidente Nicolás Maduro presionó a los países de Petrocaribe. A pesar de que Colombia logró voltear a cinco naciones del Caribe y a El Salvador, el resultado adverso por la actitud de Panamá y Haití es conocido.

Sin embargo, las cosas han dado un gran giro. Almagro, un hombre de izquierda y excanciller de Pepe Mujica, se ha constituido en un pilar en la defensa de la democracia y los derechos humanos. Sus misivas al presidente Maduro y la presidenta del Consejo Nacional Electoral poniendo los puntos sobre las íes muestran una diferencia. Con nuestros deportados, mientras el Consejo Permanente no operó, Almagro visitó Cúcuta a los pocos días de la fallida votación. Con respecto a Haití tuvo una actitud frontal con los deportados desde República Dominicana y, ahora, con la compleja segunda vuelta presidencial. La semana pasada se creó en la OEA la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras, que entra a operar en un campo que tiene repercusión en todo el hemisferio. Los tiempos están cambiando.

He ahí la paradoja. Cuando se ve la luz de renovación y vigor en materia política, la OEA entra en un limbo financiero. Venezuela no paga debido a su animadversión con el ente regional. A pesar de que denigra de él, hace valer allí a su antojo los votos de Petrocaribe. Brasil, no por motivos políticos, tampoco pagará a corto o mediano plazo sus cuotas vencidas. Hay que encontrar soluciones viables para que la OEA sea lo que sus estados quieran que sea, como dijo sabiamente el expresidente Alberto Lleras Camargo. Fuera de conseguir recursos de emergencia que le permitan la supervivencia, hay que imponer sanciones a sus deudores. No hay otra alternativa viable.

 

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