Adiós a la Unión Europea

Dado que es la primera vez desde la creación de la Unión Europea que se presenta la situación del retiro de un Estado miembro, el cual es además la segunda economía de la región, las consecuencias a mediano y largo plazo son imprevisibles.

La separación del Reino Unido de la Unión Europea es una señal de alerta sobre el poder que los discursos nacionalistas están adquiriendo. / EFE

El Reino Unido aprobó por una apretada mayoría su salida de la Unión Europea (UE). El tremor político y económico que sobrevino ya cobró las primeras víctimas. El primer ministro británico, David Cameron, anunció su renuncia a partir de octubre, ante la derrota sufrida. La libra esterlina perdió terreno y las bolsas europeas se desplomaron. Ángela Merkel, con su conocido pragmatismo y realismo, definió la situación con palabras precisas: “No tiene sentido darle vueltas, hoy es un punto de inflexión para Europa, es un punto de inflexión para el proceso de integración europea”. Vienen días inciertos y complejos.

El llamado Brexit, el referendo para decidir si salir o quedarse en la UE, había sido una promesa de campaña de Cameron. Cumplió el compromiso, pero no logró articular una estrategia convincente e hizo de manera incorrecta la campaña a favor de la permanencia. El resultado no pudo ser peor, con un 51,9 % a favor de la salida y un 48,1 % por la permanencia. No sólo queda dividido el electorado, sino el propio Reino Unido, dado que, mientras Inglaterra y Gales apoyaron mayoritariamente el retiro, Londres, Escocia e Irlanda del Norte se inclinaron por la permanencia. Dado que es la primera vez desde la creación de la Unión Europea que se presenta la situación del retiro de un Estado miembro, el cual es además la segunda economía de la región, las consecuencias a mediano y largo plazo son imprevisibles. No existe una hoja de ruta que señale el camino inmediato a seguir por el nuevo gobierno que surja de las elecciones.

El gran ganador de la jornada es sin duda Nigel Farage, líder del ultranacionalista Partido por la Independencia Británica (UKIP) y quien abanderó la causa de la salida. Unas semanas atrás Farage dijo que “el pueblo está harto de la inmigración sin control. Prepárense para llevarse una sorpresa”. Y vaya sorpresa. Al conocerse los resultados, proclamó el miércoles anterior como el “día de la independencia”, pidió la dimisión Cameron y la formación de un Ejecutivo partidario del Brexit. El vencedor, que fue calificado en su momento por el propio Cameron como un “payaso”, hoy es el gran opcionado a ocupar el legendario número 10 de Downing Street en algunos meses.

El desafío futuro es muy grande para todos. En medio de la confusión que se ha generado en Europa, las preguntas son demasiadas y las respuestas pocas y confusas. En primer lugar para el propio Reino Unido. Escocia, donde hace poco se llevó a cabo un fallido referendo independentista para partir cobijas con Londres, ha revivido la idea de convocar uno nuevo. Dado que allí ganó mayoritariamente la opción de la permanencia en la UE, ahora viven la paradoja de tener que retirarse obligatoriamente debido a la decisión final adoptada. En el continente, más allá de los graves efectos económicos inmediatos, se reaviva la posibilidad de que algunos de los 27 países restantes que conforman la Unión puedan seguir el ejemplo del Reino Unido. Y no es sólo una especulación. Con el grave problema generado por los migrantes ilegales y los problemas económicos actuales, los partidos ultranacionalistas, xenófobos y racistas han reaparecido con gran fuerza en la escena. La puerta queda así abierta a que otros gobiernos, cansados de las políticas comunitarias que se les imponen desde Bruselas, tomen el mismo camino.

Por si lo anterior fuera poco, mientras el presidente Barack Obama reiteraba su alianza indisoluble con el Reino Unido y la Unión Europea, a pesar de su descontento personal por el resultado del referendo, el populista Donald Trump, quien había apoyado el Brexit, desde Escocia manifestó ayer: “Creo que es algo muy bueno; algo realmente fantástico (…) este paso no será el último”. Vienen tiempos difíciles en distintas partes del mundo.

 

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