Andar sin carro

El día de hoy se celebra, como ya es costumbre todos los años desde hace 15, el Día sin Carro en la capital, una medida que fue aprobada por la ciudadanía, posiblemente como un experimento que buscaba determinar en cuánto se reducía la contaminación de la ciudad y cómo hacían los ciudadanos para buscar medidas alternativas a la movilización corriente.

Desde entonces, desde el primer día en que la política echó a andar, ha habido críticas de toda índole: por parte del comercio, que se queja por la reducción significativa de las ventas; hay quejas de cientos de usuarios por la falta de transporte disponible o la congestión. Y muchas más.

El Día sin Carro, sin embargo, es un éxito a muchos otros niveles: no es mentira que recorrer la ciudad por medios alternativos, o empezar a conocer los que ya existen y que no tienen tanta demanda, no solamente brinda una experiencia distinta, de aproximación al entorno urbano, sino que genera un espacio de cohesión social entre habitantes de distintas zonas, cosa que resulta provechosa para todos.

Las quejas, por demás, pueden reducirse bastante y no parecen razón suficiente para desestabilizar o quitar esta política pública: por varias razones esta casa editorial se ha manifestado a favor de ella. Porque sí ayuda al medio ambiente, porque genera oportunidades de conocer la ciudad de una forma distinta, porque obliga a las personas a recurrir al ajeno concepto de convivencia ciudadana: conocer, por ejemplo, las rutas del SITP por primera vez, los 392 kilómetros de ciclorrutas, los 67 kilómetros de ciclovía, que operarán hoy, entre otras. Los colombianos están muy acostumbrados a visitar otros países y seguir estas reglas de transporte alternativo con gusto. No nos imaginamos por qué acá le hacen contrapeso. Se trata, aún, de una conducta generalizada que no entendemos.

Las preocupaciones corrientes saltan a la vista: la congestión en los buses de servicio público, la inseguridad en las calles para quienes las recorren sin protección, las pérdidas de los comerciantes. Para cada problema, y mañana lo comprobaremos, existen medidas pensadas: poner toda la flota existente a circular, incrementar la seguridad, métodos alternativos de comercio que lleguen a los ciclistas.

Por ahora, después de 15 años, la política luce bastante sólida. Pensamos, al contrario de los críticos, que hay que dar el siguiente paso, ir por más: más medidas que favorezcan el ambiente, menos excepciones insólitas que se presentarán el día de hoy y que dividen a la sociedad de forma desigual, más incentivos (rutas, seguridad, instrumentos disponibles) para quienes deciden la opción de la bicicleta, más sistemas alternativos de los que existen, para que la gente pueda movilizarse de forma digna. Y muchos que se nos escapan en este momento.

Quince años parecen ser el tiempo necesario para evaluar una política, conocer sus ventajas y desventajas y dar el paso adelante. Echarla para atrás, a estas alturas del partido, sería un exabrupto. Una buena noticia llegó en este Día sin Carro: las motos. El decreto 038 del 30 de enero de 2015 fijó que tampoco circularán hoy, a menos que presten algún servicio de mensajería o domicilios. A pesar de las quejas del gremio esto luce, también, como ese anhelo de la ciudadanía de saber qué pasaba. Vamos a ver hoy. Saquemos conclusiones.

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