Ante el terror, seguir adelante

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No hay palabras para el horror. El dolor que tantas veces ha sentido Colombia en su historia reciente y no tan reciente reapareció en su peor versión, con el atentado terrorista contra la Escuela General Santander. Mientras las autoridades toman todas las medidas necesarias para esclarecer lo ocurrido con sus respectivas responsabilidades, nos unimos a la solidaridad expresada por los colombianos con las familias de las víctimas del ataque y con la Policía Nacional. En medio de la desazón que genera un acto tan cobarde e inhumano como este, preferimos entenderlo como  un motivo más para que el país siga apostándole con vehemencia a la búsqueda de la paz y el fin de todos los conflictos que llevamos décadas enfrentando. Eso sí, sin condescendencia ante el terrorismo que, precisamente, pretende aniquilar esa búsqueda.   

Ayer, en circunstancias que al momento del cierre de esta edición no habían sido esclarecidas, estalló un carro bomba en las instalaciones de la Escuela General Santander. La cifra preliminar de víctimas es 21 personas muertas y más de 60 heridas. Rechazamos con vehemencia lo ocurrido. El terrorismo nunca es ni ha sido un mecanismo viable para cualquier fin; no hay motivo para someter a los colombianos a este tipo de atrocidades.

Bien lo dijo el presidente de la República, Iván Duque: “Todos los colombianos rechazamos el terrorismo y estamos unidos para enfrentarlo. Colombia se entristece, pero no se doblega ante la violencia”. Las autoridades competentes, a su vez, iniciaron las investigaciones para encontrar a los responsables. El fiscal general de la nación, Néstor Humberto Martínez, dijo que “toda nuestra capacidad investigativa será volcada para desenmascarar a los terroristas conjuntamente con la Policía Nacional”. No queda más que esperar los resultados de dichas pesquisas. 

Llamamos entonces a la prudencia, pues especular sobre lo ocurrido solo promueve la zozobra, irrespeta a las víctimas y a sus familias y demuestra una peligrosa irresponsabilidad. Ante la violencia irracional, el país entero debe responder con cabeza fría. Exigimos una respuesta vehemente, por supuesto, pero nuestra sociedad debe demostrar que su unidad y su bienestar no se derrumban ante los actos criminales.

Es inevitable, en este momento, referirse a la paz, tan ansiada como debilitada. Tan pronto se dio a conocer la noticia del atentado, empezaron a pulular las voces atacando el acuerdo con las Farc, criticando las negociaciones con el Eln y sugiriendo que Colombia vive una situación apocalíptica. En una reacción de absoluta irresponsabilidad, el expresidente y senador líder del Centro Democrático, Álvaro Uribe, dijo en Twitter: “Grave que la paz hubiera sido un proceso de sometimiento del Estado al terrorismo”. ¡Por favor! Todo lo contrario. Si algo demuestra el atentado es que hay que continuar apostándole a la paz, con todas sus complejidades. 

Por experiencias internacionales sabemos que, en los años posteriores a un acuerdo de paz importante, hay varios focos de recrudecimiento de la violencia. La solución no es tirar todo por la borda, sino reconocer los esfuerzos que se han hecho, lo mucho que se ha logrado, ajustar lo que falta por hacer o anda olvidado y seguir persiguiendo salidas negociadas. El Estado no puede nunca actuar motivado por el terror; su política debe ser una muestra de estrategia y sabiduría.

Saludamos a todos los policías del país y a las víctimas de este atentado. Reconocemos su labor y la respaldamos. Debemos seguir adelante.

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