Aprovechar el éxito de Río 2016

Faltaba lo excepcional, que los atletas demostraran que cuando se les da la oportunidad, eso es lo único que necesitan para superar las expectativas. Si el Estado y el país crean las condiciones necesarias, el talento y la disciplina colombiana se encargan del resto.

Mariana Pajón, Óscar Figueroa y Caterine Ibargüen son muestra de lo importante de invertir en el talento. / EFE-AFP

Por donde se mire, los Juegos Olímpicos de Río 2016 que terminaron ayer fueron un éxito para los atletas colombianos y son una señal de que las políticas públicas de apoyo al deporte que se han realizado van por buen camino. Es momento de celebrar, evaluar qué se puede mejorar, definir prioridades y seguir convirtiendo el país en un laboratorio que potencia el talento nacional.

Lo dijimos en su momento: Colombia ya había triunfado antes de que empezaran los Juegos Olímpicos, pues a Brasil llevamos 148 deportistas, por encima de los 104 de Londres 2012 y más del doble de los 68 que fueron a Pekín 2008.

Pero faltaba lo excepcional, que los atletas demostraran que cuando se les da la oportunidad, eso es lo único que necesitan para superar las expectativas. Si el Estado y el país crean las condiciones necesarias, el talento y la disciplina colombiana se encargan del resto.

Fueron en total ocho medallas: tres de oro (en pesas con Óscar Figueroa, en salto triple con Caterine Ibargüen y en BMX, con Mariana Pajón), dos de plata (en boxeo, con Yuberjen Martínez y en judo con Yury Alvear) y tres de bronce (en pesas con Luis Javier Mosquera, en BMX con Carlos Ramírez y en boxeo, con Íngrit Valencia), que son la prueba de una participación histórica que debe servir como incentivo, pues además de mantener ese nivel de rendimiento, el objetivo tiene que ser mejorar cada vez más.

Aunque son comunes los reclamos de ciertos deportistas sobre la falta de apoyo, y es verdad que hay casos lamentables, como el de la selección femenina de fútbol, la verdad es que el Estado ha mostrado cada vez más interés por facilitar los procesos de nuestros atletas. Falta mucho todavía, y ojalá no se pierda el impulso, pero estos triunfos son también un reconocimiento de que hoy Colombia es un país muy distinto, en cuanto a su infraestructura deportiva, del que había hace una década.

Dicho eso, no deja de ser interesante observar quiénes son los atletas que alcanzan las más altas posiciones y en qué deportes lo hacen. Colombia se ha consagrado como un país futbolero, es donde está la mayor cantidad de atención e inversión (pública y privada). Y, sin embargo, año tras año, competencia tras competencia, son otros deportes los que alzan la mano y nos dicen que allá tal vez hay más talento sin fomentar, más triunfos para que el país celebre y se inspire.

No argumentamos, por supuesto, que se quite el apoyo al fútbol, pero lo obtenido en Río 2016 es una invitación a considerar empezar a invertir en crear audiencias y redes de competencia profesionales en otros deportes. Si con la poca atención que se les ha dado históricamente estamos viendo este tipo de éxito, imagínense lo que puede conseguirse si se le muestra al país que hay más alternativas que el balón.

Cuatro hombres y cuatro mujeres reclamaron medallas en estos Olímpicos y esa debe ser otra señal de que el deporte puede ser un espacio para fomentar la igualdad y construir un país con más oportunidades para todas las personas, sin importar su origen, raza o género.

Ojalá se aproveche la oportunidad que nos da este triunfo y que todos los jóvenes inspirados por nuestros medallistas se encuentren con que ellos también pueden dedicar su proyecto de vida al deporte.

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