HJCK: más que una quijotesca apuesta

LA CELEBRACIÓN DE LOS 60 AÑOS DE la emisora cultural HJCK ha traído grandes aplausos por la supervivencia de un “proyecto suicida”.

LA CELEBRACIÓN DE LOS 60 AÑOS DE la emisora cultural HJCK ha traído grandes aplausos por la supervivencia de un “proyecto suicida”. Al igual que la música clásica, ni el jazz ni el blues cuentan con la fortuna de enamorar a la inmensa mayoría. Y bien, como todos lo sabemos, si no hay audiencia, no hay pauta. Su majestad sintonía decide —hoy, al igual que en 1950— quién sobrevive y quién muere. No obstante, a pesar del panorama y lo adverso de la apuesta, el proyecto de Álvaro Castaño Castillo, director y fundador, superó las dificultades. Cerrando en su momento la programación a las once, el camino se fue trazando con esfuerzo. No es cualquier hazaña esa de resistir al mercado y menos en un país que no ha sabido encontrar, entre la pobreza y la guerra, el gusto por la formación en cultura y su importancia.

Pero no por la aridez del terreno se desistió del propósito, y en la frecuencia 89.9, el país escuchó más de una vez a Hernán Mejía, gran voz del programa, festejar el triunfo diario sobre la tiranía de la demanda al despedirse: “Las nueve horas de descanso que vienen a continuación son cortesía de Colchones El Reposo, los colchones que nunca existieron”. Hoy, por motivos de presupuesto, la HJCK se ha mudado a internet. Pese a ello, sigue comprometida con la tarea de difundir la cultura en el país y seguir agrandando su invaluable archivo de emisiones y voces, que pasan por las alturas de Borges, León de Greiff, Miguel de Unamuno y Azorín. Sin duda, un verdadero tesoro de la cultura y un fiel resguardo de la memoria de por lo menos tres generaciones.

Sin embargo, la tenacidad de su director y sus miembros, así como la difusión de los eventos musicales y literarios, no es lo único que hay por reconocer. Hay algo que, aunque pasa desapercibido, marca la diferencia entre una emisora y la otra: la atención al detalle en una tarea bien hecha. Es difícil mantener a diario, en especial con un presupuesto tan restringido, la calidad de los contenidos y el cuidado de la forma. La investigación toma tiempo y el lenguaje atención, pero es ahí donde reside el compromiso con el oyente y, aunque suene retórico, con el país. Como recordó Florence Thomas en una columna reciente, los medios masivos de comunicación son poderosas herramientas en la construcción de identidades y sí determinan los imaginarios colectivos y las estéticas cotidianas. Realidad que, por sus consecuencias, genera de inmediato responsabilidades.

“Eso sí, nos propusimos hacerla de una manera decente, porque yo siempre he creído que la radio es una investidura y la responsabilidad del radiodifusor en países como el nuestro es enorme”, dijo el director sobre su emisora. Y tiene razón. No en oídos sordos caen los comentarios de los locutores y en lugares como Colombia, donde la educación la reciben muchos a través de los medios, no hay una red crítica que resguarde a la población de apuntes torpes o inapropiados. De aquí la importancia de una responsabilidad asumida con altura y de aquí también el agradecimiento al trabajo de Álvaro Castaño Castillo y su equipo. No es fácil suplantar la labor pedagógica del Estado, en especial cuando se tiene además la tarea de ser, como todos los medios, un foco de resistencia.

Así, entonces, la emisora HJCK, más que un afortunado y valiente proyecto quijotesco, es la muestra de un verdadero compromiso por la formación de los ciudadanos que, aunque ni sus mismos miembros lo crean, no son “la inmensa minoría”. La educación se contagia, afortunadamente, y la formación amplía la mirada. En especial la formación cultural que, aunque otros tantos tampoco lo crean, sensibiliza y, al hacerlo, facilita la convivencia, la tolerancia y el respeto a las diferencias.

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