Amazonas visible

CON 2.000 KILÓMETROS CUADRAdos de deforestación anual, el futuro no parece brillar para la Amazonia colombiana.

CON 2.000 KILÓMETROS CUADRAdos de deforestación anual, el futuro no parece brillar para la Amazonia colombiana. Ya son 79 las especies en vía de extinción y 44 las culturas indígenas amenazadas por las migraciones, el mercado y las famosas fumigaciones con glifosato que, entre otras, parecen ser efectivas sólo contra la flora. Hoy, y después de una larga historia de la lucha contra las drogas, se calcula que en los 477.000 kilómetros cuadrados de selva tropical crecen 90.000 hectáreas de coca con la misma tranquilidad con que sus laboratorios químicos arrojan los residuos al “pulmón del mundo”. Ni el narcotráfico, ni la urbanización, ni la densificación, ni la ganadería, ni el cultivo de palma africana, ni la minería, ni el tráfico de madera han sido detenidos efectivamente por el Estado. El daño que vive el ecosistema que cubre el 35% del territorio nacional y alberga el 61% de los bosques del país es devastador y sus amenazas parece extenderse en todos los frentes.

La legislación nacional es favorable y debería combatir el desastre, pero su aplicación es tímida. El país tiene otras prioridades en la agenda y aunque son varias las organizaciones internacionales que llevan los registros de lo que sucede con la selva y un par los organismos nacionales instaurados para su control, el esfuerzo es insuficiente. De aquí que se aplaudan iniciativas como las de Amazonas 2030, que crea una alianza entre organizaciones civiles, empresas privadas y medios de comunicación para monitorear la actividad de la región. Evaluando constantemente la gestión, la alianza busca crear una gran fotografía de la Amazonia y determinar con ella la magnitud y el origen del daño. Iniciativa por lo demás oportuna, pues difícilmente se puede esperar a que la economía se consolide, las desigualdades se eliminen y el conflicto se pacifique para preguntarnos por eso que decimos nos hace un país privilegiado.

Ya es hora de visibilizar la problemática y dejar de darle la espalda al 55% del bosque amazónico, que se esfumaría para el año 2030 si no se toman acciones decisivas. Se espera que datos precisos del menoscabo ambiental generen la indignación propia de la destrucción innecesaria. A pesar de que el 96% de los colombianos reconocieron, en una encuesta realizada por Ipsos Napoleón Franco, que el Amazonas es valioso por su riqueza biológica, 67% acepta no saber nada de la selva. Son así 674 especies de aves, 1.956 de reptiles, 2.121 de mamíferos y 753 de peces las que permanecen en el anonimato para más de la mitad de la población. Esto sin mencionar el referente nulo que tienen los colombianos de las milenarias culturas que, a pesar de vivir entre fuegos cruzados, han sobrevivido y guardado su legado.

Tiene razón Wendy Arenas, directora de Alisos, una de las organizaciones que conforman la alianza Amazonas 2030, cuando dice: “ya es momento de que alguien le pregunte al Estado sobre la Amazonia”. Pregunta que ojalá se extienda a la cuenca del Orinoco y los bosques inundables, a los Andes del norte y al Darién. Anudar iniciativas como estas a los también meritorios programas vigentes es poner en voz de la opinión pública el desastre que padecemos. Los gobernantes tienen que acostumbrarse a rendir cuentas por la fauna y la flora que dejan desaparecer y por los indígenas que dejan morir. Darle largas al problema es llegarle demasiado tarde. Perder la biodiversidad y el espectro cultural que nos caracteriza, además de darles una bofetada a las generaciones futuras, significa perder las únicas riquezas que explotamos al conservarlas.

últimas noticias

Es un imperativo moral aprobar la JEP

Vuelve la selección que nos une

Un presidente de todos los colombianos

Los retos de regular la tecnología