Rafael Correa y 'El Universo'

Alguna vez, al calor de las diferencias ideológicas, y tras analizar algunas actuaciones bélicas del anterior gobierno colombiano, el presidente de Ecuador llamó "criminal" al actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.

Cuando los ánimos se exaltan, a veces no se usan las palabras más exactas para definir a alguien. Si se aplicara la ley contra la calumnia, la injuria o la ofensa a la autoridad que hoy el presidente ecuatoriano pretende imponer contra la prensa de su país, entonces quizá también él tendría que salir a rectificar, o a pasar años en la cárcel o a pagar millonarias indemnizaciones. Ahora mismo, cuando el presidente Correa llama “sicarios” a algunos periodistas del Ecuador, los está difamando y tendría que ir él también a los estrados judiciales para aclarar y justificar tan grave epíteto. Si el periodismo y las opiniones personales se ven sometidos al acoso permanente del derecho penal, o impiden todo uso metafórico del lenguaje, su ejercicio se sofoca y se vuelve imposible.

Piensen los militantes bolivarianos del Ecuador (pero también de Bolivia, de Nicaragua, de Venezuela y de la misma Colombia) qué habrían pensado ellos en el caso hipotético de que este periódico hubiera sido demandado por el expresidente Uribe y condenado por nuestros jueces a pagar millonarias indemnizaciones (y sus dueños y directivos cárcel) por el hecho de que un columnista hubiera llamado “dictador” al expresidente, o tiránica alguna de sus actuaciones. Esto, por fortuna, nunca sucedió. Pero al pensar en el escenario imaginario de que hubiera sucedido, cualquier persona con un juicio imparcial y equilibrado se daría cuenta de que esto habría sido un atentado gravísimo contra la libertad de opinar y de expresarse. Y es eso exactamente lo que acaba de suceder en Ecuador con la apresurada sentencia contra El Universo de Guayaquil, sus dueños y su jefe de opinión.

En los países donde está más desarrollada la prensa libre, la crítica a los gobiernos y a los gobernantes de turno puede teñirse en ocasiones de una acidez crítica que en general no se toleraría si se la aplicara a un ciudadano corriente. Los gobernantes, debido a la necesaria labor fiscalizadora de la prensa, deben entender que no se los tratará, en el lenguaje público, con guante de seda. Siempre se escapará algún improperio, alguna exageración. Por lo mismo deberían tener duro el pellejo y saber que a veces serán criticados con una acrimonia que puede parecer injusta. Pero si a esta necesaria labor crítica se la limita mediante el recurso a la justicia penal y a las indemnizaciones económicas que superan el mismo patrimonio de la empresa periodística demandada, estaremos auspiciando la autocensura y la imposibilidad del ejercicio libre del periodismo. Condenar un periódico a la quiebra, como hace esta sentencia con El Universo, es lo mismo que cerrarlo con un decreto. Una manera solapada de acallar definitivamente las voces críticas.

No estamos defendiendo una prensa irresponsable o sin límites profesionales muy claros. Cuando un columnista opina, debe tener buenos fundamentos para defender y argumentar su afirmación. Pero en ningún caso los gobiernos pueden usar su poder de presión e intimidación para acallar las opiniones de sus críticos. Cuando un gobierno usa el derecho penal y las sanciones económicas como una advertencia o un látigo latente contra la prensa, la libertad de expresión y de opinión sale lesionada. Por eso aquí manifestamos nuestro total desacuerdo con las demandas del presidente Correa a la prensa libre de su país y nuestro desacuerdo con la precipitada y dudosa decisión del juez de primera instancia. Y manifestamos, al mismo tiempo, nuestra solidaridad con los colegas de El Universo. Ojalá la prensa crítica del Ecuador siga resistiendo, como lo viene haciendo, contra este indudable atentado a la libertad.

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