El TLC en el congelador

Bloquear el TLC no parece ser el mejor mecanismo para defender la vida de los sindicalistas colombianos.

El Partido Demócrata de Estados Unidos logró suspender esta semana el plazo de 90 días para votar sobre el TLC con Colombia, modificando —por primera vez desde que existen— las reglas de la Autoridad de Promoción de Comercio, conocida como fast track. Normas que, precisamente, fueron establecidas para que el Congreso considere los tratados comerciales en su totalidad y se evite así que grupos de interés bloqueen acuerdos que se consideran benéficos para Estados Unidos como un todo.

Al levantar los demócratas la restricción de tiempo, le han enviado una señal de rechazo a la administración Bush, pero a la vez han puesto en riesgo la credibilidad de Estados Unidos, en general, y de su Congreso, en particular, pues han dado a entender que quien lo controle podrá cambiar las reglas del juego según le convenga.

En los últimos meses, el Partido Demócrata —defendiendo los intereses de grupos de presión— le ha elevado el perfil a la aprobación del TLC con Colombia al volverlo tema de la campaña presidencial, y ha exigido, por un lado, mayores ayudas para los trabajadores estadounidenses que se puedan ver afectados y, por el otro, que Colombia muestre progresos en la protección de la vida de los sindicalistas.

En relación con las ayudas para sus trabajadores afectados, esta es una exigencia para, según ellos, compensar los efectos negativos que ha tenido en la economía norteamericana la política comercial de la administración Bush en los últimos ocho años. Lo positivo es que, por las declaraciones de la representante Nancy Pelosi, el problema no se centra en el TLC con Colombia, sino en un paquete de medidas comerciales que les permita cobrar dividendos políticos en un período clave de la vida electoral estadounidense. Lo lógico sería entonces que se arme un paquete de medidas, aprobadas por los dos partidos, que les permita a todos salir ganadores. Los demócratas con su paquete de ayudas y los republicanos con la aprobación del Tratado.

En cuanto a la preocupación por el respeto a la vida de los sindicalistas, tema sin duda sensible, se debe tener en cuenta que el derecho a la vida de todos los colombianos ha sido amenazado y vulnerado desde hace muchos años, entre otras cosas debido al narcotráfico, el conflicto interno y la debilidad de nuestro sistema de justicia. Bloquear una herramienta como el TLC, que busca fomentar la eficiencia, el bienestar y las oportunidades de desarrollo, no parece el mejor mecanismo para defender la vida. Más bien, Estados Unidos podría reforzar los programas de fortalecimiento del sistema judicial colombiano y el respeto a los derechos humanos.

La incomodidad de los demócratas ha sido evidente, y con razón. La decisión de aplazar indefinidamente la votación del TLC será cuestionada, y de la misma tomarán nota amigos y detractores a nivel global. Votar el Tratado no va a ser fácil para los demócratas, si es que algún día lo hacen. Si lo aprueban, algunos sindicatos se van a sentir defraudados, como probablemente también muchos electores que han escuchado el rechazo cada vez más vociferante de Barack Obama y Hillary Clinton. Y si lo rechazan, quedará en evidencia a nivel internacional que el Partido Demócrata ha antepuesto los intereses de los grupos de presión a los de Estados Unidos y a los de un aliado muy importante en el hemisferio.

El aplazamiento es, sin duda, un baldado de agua fría para un país amigo como Colombia. Pero no todo está perdido. Ojalá que los demócratas y los republicanos encuentren una salida razonable que permita aprobar el TLC en un plazo prudencial, por el bien de Colombia, de Estados Unidos y del mismo Partido Demócrata.

 

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