Más de lo mismo en materia económica

EN SU DISCURSO DE INSTALACIÓN DEL Congreso, probablemente el más meditado del año, el presidente Uribe decidió hacer énfasis en la política económica, lo que constituye, sin duda, un reconocimiento de los crecientes problemas de la economía colombiana.

Después de tres años de alto crecimiento y baja inflación, la coyuntura económica ha cambiado: el crecimiento es menor; la inflación, mayor; el desempleo urbano, más alto, etc. El Gobierno parece reconocer la gravedad de la situación. Pero no parece dispuesto a dar un giro necesario, a modificar algunos de los elementos cuestionables de la política económica y social. Ante los problemas de la economía, la respuesta del Gobierno es más de lo mismo.

Más de lo mismo, por ejemplo, en el tema del empleo. El Gobierno continúa sosteniendo que la mejor manera de crear empleos es impulsando la inversión. “Es difícil —afirmó el presidente Uribe—, en una economía cada vez más integrada al mundo, animar el empleo de manera diferente a la del aliento a la inversión. Parece claro que si la inversión no es factible, el empleo tampoco”. Pero esta afirmación no tiene sustento real. El crecimiento de la inversión privada, uno de los grandes logros del Gobierno, no ha logrado disminuir la tasa de informalidad laboral. El crecimiento del empleo, en esta época de bonanza inversionista, ha sido mucho más lento que el crecimiento de la economía, hasta el punto de que la meta del Plan de Desarrollo de reducir la tasa de desempleo a valores de un dígito parece hoy en día casi imposible.

Más de lo mismo, también, en materia tributaria. El Presidente defendió en forma vehemente las exenciones tributarias a la inversión y la multiplicación de las zonas francas. “Estos estímulos tributarios —dijo— ayudan muchísimo al aumento de la inversión… La realidad, independiente de opiniones de la academia económica y del pensamiento político, es la adopción, por muchos países, de estímulos para captar inversión”. Pero el efecto de los estímulos no ha sido probado. En el pasado, algunos pudieron haber tenido un efecto positivo. Pero en el futuro, ahora que ya la inversión se ha recuperado, constituyen una dádiva innecesaria para las grandes empresas, un regalo que difícilmente tendrá efectos sociales positivos y seguramente complicará el manejo de la política fiscal.

Más de lo mismo en materia de infraestructura. El presidente Uribe reconoció que “la falta de infraestructura es una barrera al crecimiento de la economía”. Seguidamente, hizo un inventario de los principales proyectos viales. Pero la mayoría de los proyectos mencionados están atrasados o en proceso de licitación. Después de seis años, el contraste entre la retórica y la realidad sigue siendo la característica más llamativa de la política de infraestructura vial.

Más de lo mismo también en materia de política agrícola. “El conjunto de apoyos fiscales —dijo el presidente Uribe—… debe conducirnos a aumentos sustanciales de la oferta agrícola y pecuaria”. Pero los apoyos no han sido, hasta ahora, eficaces para estimular el crecimiento del sector agropecuario. Más de lo mismo, finalmente, en materia de política social, tema en el cual el Presidente planteó la aspiración de aumentar la cobertura del programa Familias en Acción a tres millones de hogares. Algunos analistas han señalado, sin embargo, que los efectos electorales de esta expansión son más claros que los mismos efectos sociales.

Los problemas de la economía requieren un replanteamiento, así sea parcial, de algunas de las políticas públicas. Infortunadamente, el Gobierno insiste en lo mismo, en aumentar la dosis, a pesar de que el diagnóstico ha cambiado sustancialmente.

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