Si se aprovechara el momento...

LA EUFORIA ES COLECTIVA Y CRECE AL paso de cada nueva imagen o testimonio feliz del regreso a la vida de 12 familias colombianas y tres estadounidenses, aplastadas y humilladas hasta ayer no más y durante años por la infamia del secuestro a manos de las Farc.

Como lo indica la encuesta nacional que hoy publica El Espectador, la confianza de los colombianos en el presidente Álvaro Uribe, en nuestra Fuerza Pública y, en general, en el sendero por el que camina el país, si bien ya alto antes de la maravillosa ‘Operación Jaque’, ha llegado después de la misma a niveles que rayan con lo inverosímil.

Frente a este ambiente extraordinario de confianza es inevitable preguntarse sobre lo que viene, una vez termine la muy merecida celebración de estos días.

En primer término, por supuesto, el éxito de la Fuerza Pública lleva a un cambio definitivo en la confrontación y deja en una posición dominante al Estado, tanto para continuar la presión como para llevar a la comandancia de las Farc a pensar en una salida a su innegable debilitamiento y al anacronismo de su lucha.

Está, de hecho, sobre la mesa, la propuesta de paz que ofreció el presidente Uribe en su alocución del miércoles. Tal vez ningún momento como este haya sido más propicio para hacer realidad aquello del “mano firme, corazón grande” del Presidente en su primera campaña y, en la senda de victoria actual, ese debe ser el camino a seguir en la búsqueda de una paz duradera y con el menor derramamiento de sangre posible en los días por venir.

No menos importante es concentrar los esfuerzos en lograr la liberación de quienes aún siguen secuestrados muriendo en vida a manos de las Farc. Ya el sargento segundo del Ejército José Ricardo Marulanda nos dejó saber con su testimonio la importancia que tuvo la manifestación multitudinaria del pasado 4 de febrero en contra del secuestro y sus perpetradores principales, de manera que un primer paso de la sociedad para no olvidar a los que quedan es salir con renovada actitud a protestar el próximo 20 de julio en la marcha que se viene promoviendo por parte de los medios de comunicación y diversas organizaciones. Si bien el final de la guerra puede estar aún lejos, este éxito se puede aprovechar para acelerar la erradicación del uso de armas inhumanas como el secuestro de nuestro conflicto.

Con todo, el provecho que se puede sacar del momento actual va mucho más allá de la dinámica de la guerra, que depende en mucho del camino que decidan tomar las Farc y de la evolución de las circunstancias. Esta euforia colectiva tras la ‘Operación Jaque’, como se expresa en la gran encuesta nacional, significa también un poder político gigantesco que, bien manejado, puede servir para dar un salto al fortalecimiento de nuestra sociedad democrática, pero que también, mal manejado, nos puede llevar por sendas indeseables.

No cabe duda de que el presidente Álvaro Uribe y su política de seguridad democrática, a fuerza de resultados, están más fortalecidos que nunca y que el éxito sin par de esta semana alimenta la eventualidad de una segunda reelección. En todo su derecho, dirán algunos.

Sin embargo, aprovechar este apoyo mayoritario a la simple acumulación de poder a través del voto resultaría todo un desperdicio de la oportunidad quizás irrepetible de congregar a la sociedad en propósitos comunes y metas de largo plazo. Colombia requiere desde hace tiempos no solamente un Estado fuerte, en lo que se ha avanzado sin duda en estos años, sino especialmente una sociedad fuerte que sea capaz de labrar su futuro más allá de quienes ocupen los puestos de poder.

En ese sentido, entonces, no debiera el Presidente de la República, hoy en la gloria, aprovechar su apoyo multitudinario para avasallar a las otras ramas del poder público, para bloquear la transición política o para suplantar la justicia con votos que eso es lo que significa continuar con la idea de un referendo para repetir las elecciones de 2006, en busca de una legitimidad que nunca, y ahora menos, ha estado en duda .

 Antes bien, el presidente Uribe tiene una oportunidad histórica de abandonar las peleas nimias de poder y ejercer el liderazgo de verdad que nos congregue a todos en acuerdos fundamentales para que el triunfo coyuntural de hoy por magnífico que haya sido no quede reducido simplemente a eso, a un éxito de momento. Difícil encontrar una mejor ocasión para unir al país alrededor de su liderazgo en lo que resta de su mandato.

 

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