¿Qué sucede en Fogafín?

EL FONDO DE GARANTÍAS DE INSTITUciones Financieras, Fogafín, ha sido
una entidad modelo en Colombia; una institución técnica y eficaz, a
cargo de la delicada tarea de preservar la confianza de los
depositantes y acreedores en las entidades del sector financiero. En
ejercicio de sus funciones, Fogafín debe realizar delicadas
negociaciones y transacciones por valores multimillonarios. Debe
invertir enormes sumas de dinero con las cuales garantiza su capacidad
de respaldar los depósitos de los ahorradores.<br />

Ha sido tradicional que estas tareas hayan sido desempeñadas por un estelar equipo de profesionales de las más altas capacidades técnicas y morales. A lo largo de los años, sus directores han sido ejemplares profesionales de la economía y el derecho económico y financiero. Han llegado al mando de Fogafín después de distinguidas carreras al servicio del Estado, especialmente en la Hacienda y el Crédito Público.

Circulan una serie de insistentes y preocupantes rumores sobre las circunstancias que llevaron a que Santiago Vélez dejara la dirección de la entidad hace unos días. De confirmarse estas especies, se habría contrariado gravemente una larga tradición de honradez y competencia profesional en Fogafín.

Es urgente, por lo tanto, que ante este potencial escándalo en ciernes, que se ha mantenido entre el silencio y las evasivas hasta el momento, la opinión pueda conocer de forma clara y contundente las respuestas a por  lo menos las siguientes preguntas:

¿Es cierto o no que hubo elementos distintos a los técnicos en la escogencia de Santiago  Vélez para Fogafín? Después de todo, su sorpresiva selección rompió una tradición de poner a cargo de esa entidad a destacados técnicos y personas competentes en asuntos financieros y crediticios.

¿Es cierto o no que antes de la crisis final ya se habían detectado irregularidades en el manejo de los asuntos de Fogafín, pero que no se enfrentaron  por el recio entronque de Vélez con la médula del poder Ejecutivo?

¿Es cierto o no que hubo intentos de “mordidas” por parte de emisarios de altos ejecutivos de Fogafín a cambio del encargo del manejo de los portafolios de inversiones de la entidad? ¿Es cierto que una entidad multilateral andina denunció la exigencia de estos cobros? ¿Es cierto o no que el ministro de Hacienda y buena parte de la junta directiva tuvieron la certeza de que detrás de esos actos irregulares podría estar el propio doctor Vélez?

¿Por qué, de ser afirmativas todas estas respuestas, al señor Vélez se le permitió una renuncia protocolaria y no hubo una destitución fulminante?

Por supuesto, guardamos la esperanza de que las respuetas  a estos interrogantes sean negativas y, sobre todo,  convincentes. Esperamos que se nos persuada con buenos argumentos de que el doctor Vélez fue escogido únicamente por su hoja de vida técnica; que se ejercitó en forma intachable al frente de Fogafín; que no hubo solicitudes ni maniobras para cobrar “mordidas”; que el doctor Vélez ni ningún alto funcionario de la entidad estuvieron detrás de ningún comportamiento ilegal; que todos ellos están libres de sospecha y, en fin, que todo es un mal entendido. Que se nos diga, en una palabra, que no hay nada podrido en Fogafín.

El Ministro de Hacienda, responsable directo por la marcha de Fogafín, haría bien en asumir motu proprio la tarea de clarificar estos interrogantes que circulan por lo corrillos y entender que, por doloroso que sea, la opinión pública debe tener información completa sobre lo sucedido. El Gobierno debe proporcionarle todos los elementos necesarios para que el público y la comunidad financiera puedan seguir confiando en Fogafín.

Siendo el actual Ministro de Hacienda un político en ejercicio, el primero en esa cartera en el gobierno de Uribe, resulta aún más importante que quede demostrado que el presunto deterioro de Fogafín no se originó en la introducción de los manejos propios de la más baja política a las entidades que antes se habían manejado, por los ministros técnicos, por medio de los más rigurosos estándares morales y profesionales.

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