La radicalización de la revolución bolivariana

LAS PALABRAS PRONUNCIADAS POR Hugo Chávez en su discurso de victoria del pasado 15 de febrero:

“Nosotros vamos estos cuatro años con todo, rumbo al 2012 y rumbo al 2019 ”, y la frase del día de la derrota del referendo de reforma constitucional del 2 de diciembre de 2007, que buscaba el establecimiento de un estado socialista: “ni una sola coma de esta propuesta yo retiro”, sirven como ejemplo de la peligrosa radicalización que la pregonada revolución venezolana ha tenido en los últimos meses.

En el área externa, Chávez acabó de realizar una importante gira por el Medio Oriente y Asia y convocó la VII Cumbre del Alba (Alternativa Bolivariana de los Pueblos de América) con el ánimo de convertirse en la voz y megáfono de Cuba en la recién clausurada Cumbre de las Américas.

En el plano doméstico, a su vez, se han presentado hechos bastante preocupantes. Chávez y su Asamblea Nacional (cuyos miembros parecen más chavistas que el mismo Chávez) han tomado una serie de acciones a todas luces anticonstitucionales y antidemocráticas.

Reformas polémicas como la de la Descentralización, Delimitación y Transferencia de Competencias a los Estados (revirtiendo la transferencia de competencia a los estados y reduciendo la autonomía de los gobernadores), la promulgación de leyes como la que da origen a la figura del Jefe de Gobierno del Distrito Capital, designado a dedo por el Presidente y cuya autoridad está por encima de la del alcalde metropolitano, además de las que se están cocinando, como la Ley Orgánica para la Ordenación del Territorio (que contemplará la creación de nuevas autoridades regionales y una nueva división para el país), demuestran que Chávez sí cumple su palabra: los temas de reforma constitucional que los venezolanos rechazaron en el emblemático ‘2D’, el mandatario los está reencauchansdo vía Asamblea Nacional.

Con ello el régimen, además de desconocer la voluntad de la mayoría tras el fracasado referendo de 2007, perfila claramente la que será la orientación de la “tercera fase” del proyecto revolucionario: mayor centralismo y mayor concentración del poder. A lo que hay que agregar mayor polarización y mayor arrinconamiento a la oposición.

Por un lado, los gobernadores más afectados con las recientes leyes son justamente los de oposición. Los gobernadores que en las pasadas elecciones regionales del 23 de noviembre de 2008 ganaron en los tres estados de mayor peso político y económico —Zulia, Carabobo y Miranda—, además de los de Nueva Esparta, Táchira, y la Alcaldía metropolitana (su alcalde, Antonio Ledezma, ha sido despojado de su sede de gobierno y le designaron por decreto una nueva jefa del Distrito Capital), representan a la “oposición democrática”. La que poco a poco, en estos últimos años, ha ido ganando terreno electoral.

Y aún más desconcertante es la utilización de medidas típicas de los hombres todopoderosos que mediante triquiñuelas y manipulaciones sacan del juego político a sus adversarios —llamados por Chávez “traidores”, “poliburgueses”, “hombres insignificantes”—. Mediante el amedrentamiento de la “teoría del ejemplo”, como en el caso del general Baduel, quien pasó de más que amigo del Presidente a traidor y que hoy en día se encuentra detenido; o mediante la neutralización de líderes, como en los casos de Manuel Rosales, principal contendor de Chávez (en el pasado, candidato presidencial y dos veces gobernador de Zulia), hoy alcalde de Maracaibo y de quien se desconoce su paradero tras una orden de detención.

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