Justicia de último minuto

APOCAS HORAS DE QUE PRESCRIbiera definitivamente, nuestra justicia ha querido resolver el asesinato de Luis Carlos Galán que no pudo, o no quiso, investigar durante 20 años.

Y si logra probar que el ex director del DAS general (r) Miguel Maza Márquez es coautor del magnicidio del dirigente liberal, la historia contemporánea de Colombia habrá cambiado para siempre. Eso significaría que el oficial que libró la guerra contra los extraditables durante el gobierno Barco también participó, a la sombra, en el complot contra Galán con algún sector del narcotráfico y que esa alianza pudo extenderse a otros siniestros planes en una época que quedó signada por los actos de terror y los crímenes políticos.

Maza Márquez, quien en su momento fue un héroe de guerra, hoy está detenido en una unidad de policía sindicado del homicidio agravado de Luis Carlos Galán. La sola sindicación cambia la perspectiva de la lucha contra el narcotráfico en esos años. Todo lo cual obliga a la justicia a exigirse a fondo para valorar las evidencias recaudadas por la Fiscalía y mediáticamente posicionadas por la Procuraduría.

La decisión adoptada este martes por la Fiscalía modifica también la visión mayoritaria que el país tenía del general Maza, blanco de varios ataques terroristas de ingrata recordación, denunciante de los mercenarios israelíes que enseñaron a cometer masacres a los paramilitares o incisivo detractor de las alianzas políticas entre el Movimiento de Restauración Nacional (Morena) y los grupos de autodefensa. Sin que lo supiera el país, ¿obró también para asesinar a Luis Carlos Galán? La justicia tendrá que demostrarlo.

Hoy está en prisión uno de los símbolos de la lucha contra el terrorismo de los años 80. Si se alió con un sector de las autodefensas o del narcotráfico de Cali para facilitar, con el cambio del jefe de escoltas, el crimen de Luis Carlos Galán, todas sus acciones e incluso los atentados en su contra tendrán que leerse con nuevas interpretaciones.

Salta a la vista que Maza Márquez no pudo hacerlo para ayudarle a Pablo Escobar o a Rodríguez Gacha a matar a Galán, pues dos meses antes del magnicidio éstos habían intentado matar al oficial en la calle 57 con séptima de Bogotá, en un atentado en el que perdieron la vida siete personas. Y volvieron a fracasar cuatro meses después cuando explotaron un bus bomba contra las instalaciones del DAS. ¿Cuál podría ser entonces el interés de Maza Márquez supuestamente favoreciendo a los capos en la eliminación de quien representaba su enemigo más acérrimo?

Como algo de sentido común y de historia no encaja en los señalamientos de última hora de la Fiscalía y la Procuraduría contra el ex director del DAS, su detención automáticamente se convierte en un asunto noticioso de primera importancia. De tal magnitud, que les ha hecho olvidar a los colombianos que siguen sin conclusiones judiciales escándalos como la parapolítica, la farcpolítica, la yidispolítica, los falsos positivos o las interceptaciones y seguimientos ilegales en el DAS. ¿Regresaremos a ellos el día que estén por prescribir?

Finalmente, sobre la aplicación del derecho internacional para evitar la impunidad del caso Galán, si bien las razones jurídicas son de dudosa sustentación, es notorio que este tipo de heridas no se cierren por edicto de prescripción. Nunca es tarde para tratar de encontrar las verdades más sensibles para Colombia, pero con el mismo argumento ya deberían existir conclusiones respecto al exterminio de la Unión Patriótica o los incontables magnicidios y masacres que han desfigurado en los últimos tiempos la memoria nacional. La sociedad tiene derecho a saber más de sus ocultos victimarios.

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