Así no es como se defienden las instituciones

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Por supuesto que la Fiscalía es una institución cuya reputación no se puede feriar con chismes y verdades a medias. Por supuesto que hay interesados en deslegitimar al ente investigador. Por supuesto que el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, tiene derecho a la presunción de inocencia y a defenderse de los graves señalamientos que han surgido en su contra. Pero las formas importan. Cuando se permite que cualquier tipo de declaración valga, las entidades del Estado quedan supeditadas a personas con nombre propio, a sus aciertos y, ante todo, a sus falencias. Así no se construye un Estado sólido.

El martes en la noche, el Senado de la República adelantó un debate al fiscal Martínez con ocasión del escándalo de Odebrecht, que se ha enfocado en su conflicto de intereses en las últimas semanas, tras la publicación de audios donde el fallecido controller de la Ruta del Sol II, Jorge Enrique Pizano, demostraba que había advertido con anticipación a Martínez de los manejos sinuosos de contratos en esa concesión y declaraciones del mismo Pizano ante las autoridades donde denunciaba que se sentía perseguido injustamente por una Fiscalía que no había querido escucharlo.

Más allá de las respuestas puntuales que el fiscal ha dado sobre estos hechos, que hemos discutido en este espacio en otros momentos, fue preocupante ver a un funcionario de tan alto nivel utilizar un estrado tan importante para lanzar acusaciones a todas luces irresponsables para defenderse.

El fiscal Martínez dijo que todo se trataba de una conspiración en su contra y señaló al exdirector de la Agencia Nacional de Infraestructura Luis Fernando Andrade de orquestarlo. ¿Cómo puede Andrade esperar imparcialidad por parte de la Fiscalía cuando su cabeza lo ha condenado, sin sentencia de por medio, ante el país entero de ser un conspirador para defenderse de los cargos? ¿Esa es la manera de utilizar la responsabilidad que implica ser el jefe del ente investigador? ¿No envía esto un mensaje preocupante a Colombia sobre la manera de actuar de las autoridades?

Añadió además en tono jocoso el señor fiscal que en el barrio Rosales de Bogotá era un secreto a voces que el senador Gustavo Petro había visitado a Andrade en su casa. ¿Y qué prueba eso, de ser cierto, acaso, aparte de que el fiscal general de la nación recurre a los chismes de barrio para sustentar investigaciones? ¿Que sus contradictores están siendo vigilados para tener cómo desacreditarlos? ¿Por qué traer a colación una reunión que ni es ilegal ni prueba nada?

Más grave aún, en su intervención el fiscal Martínez recurrió a un audio filtrado de una conversación entre Andrade y su primo, Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para darle un cariz internacional a la supuesta conspiración en su contra. Una grabación que, por cierto, solo muestra a Moreno aconsejarle a su primo que hable con medios de comunicación para explicar su caso. El fiscal no tuvo reparo en involucrar la reputación de una organización internacional sin evidencia.

Y para cerrar su defensa, de corte amenazante y nada institucional, se fue lanza en ristre contra los medios de comunicación como parte del tal complot. ¿Acaso cumplir con la labor periodística de difundir información valiosa para la opinión pública es un acto reprochable? ¿Le corresponde al fiscal general de la nación, además, hacer ese tipo de señalamientos?

No, señor fiscal, así no se defiende la institucionalidad.

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