Atender la premura

No deja de sorprenderno la renuncia del director del DANE, Jorge Bustamante, y del subdirector, Juan Carlos Guataquí.

 Sus cartas de dimisión dejan una cosa clara: que no quieren adelantar el tercer Censo Agrario Nacional Agropecuario durante el primer semestre del próximo año, por tratarse de una época electoral.

Tienen razón en su insatisfacción con el manejo que ha tenido la urgente realización del censo. Hace un año, en estas mismas líneas, pedíamos que no se aplazara un censo que es necesario, un retrato que no se hace desde hace casi 44 años. Hay un país distinto, una agricultura distinta, una población que se ha desplazado a las ciudades. Si no se tiene el mapa, ¿cómo efectuar políticas públicas sólidas en ese terreno? ¿Cómo gobernar sobre lo que no se conoce? Bueno, ahí están a la vista los resultados.

Era inoportuno, entonces, el aplazamiento, no solamente por encontrarnos desde hace un año discutiendo temas agrarios con las Farc en La Habana, sino también por la creciente crisis en el campo colombiano. Cosas serias. Pero las respuestas que daba el Gobierno, al contrario, parecían un chiste. En el presupuesto general de la Nación para 2013 se retiró del censo el 80% del presupuesto, dejando la oportunidad de aplazarlo para el próximo año o cancelarlo definitivamente. ¿Cómo hacer una actividad de estas sin la totalidad del dinero? ¿Por partes? Un chiste, ciertamente.

Y no hay que ser muy suspicaz para darse cuenta de que el presidente decidió hacerlo el próximo año por la premura que la insatisfacción social le generó —y, obviamente, por su eventual reelección—: hace un mes el país se incendiaba en paros, alimentados ellos, sobre todo, por el malestar social frente al tema agrario. Hasta en las ciudades se pusieron ruanas para hacer simbólica esta insatisfacción. Ahora sí, para el Gobierno, se hizo necesario el censo agrario.

Con todo, incluso si la crisis política es lo que lo acelera, realizarlo sí es bastante importante. Serviría como insumo para generar —por fin— políticas agrarias que sepan a dónde, a quién y por qué van dirigidas. El temor que expresan Bustamante y Guataquí no es soslayable. Dice una de las cartas que para adelantar esta actividad se necesita contratar al menos 20.000 encuestadores, con movilización y logística incluidas, con la posibilidad de que haya una alta contaminación política. Eso es posible. No negamos que esté la oportunidad para que algo así se dé.

El problema de no hacerlo, sin embargo, se nos antoja infinitamente superior: se trata de un nuevo aplazamiento en un tema que está pendiente desde hace cuatro décadas y media. No creemos que el país deba esperar más. Se nos hace del todo inconveniente. Lo que hay que asegurar es que se haga bien y sin permitir la contaminación política. Ante eso debemos todos estar atentos.

No sobra, entonces —así no lo quiera aceptar, como se desprende de la carta de respuesta que envió el presidente a Bustamante el pasado lunes—, tomar en cuenta que ciertamente la época electoral representa problemas que deben preverse de la mejor forma: implementar correctivos, hacer las previsiones necesarias. Si se hace el censo, por favor, presidente, que se haga de la mejor forma. El futuro del campo lo necesita. No está de más tomar las precauciones necesarias que quedaron consignadas en la carta de los dos exfuncionarios.

Por lo pronto, hay que atender la premura.

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