La senadora Claudia López explica en El Espectador los siete mandatos de la consulta y qué se necesita para que sea de cumplimiento obligatorio para el Estado.

hace 1 mes

Bagdad, en la mira

Desde cuando George W. Bush ordenara la cuestionada invasión y ocupación de Irak, en marzo de 2003, la misma se convirtió no sólo en un gran fiasco, sino que abrió una caja de Pandora que tiene al país de mal en peor. Un ejército de yihadistas suníes del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), cercanos a Al Qaeda, se encuentra próximo a tomar Bagdad en medio del desconcierto de Washington, que busca mantener el equilibrio regional comenzando por el cambio del actual gobierno.

La alarma que tiene en vilo la región se encendió tras una estratégica jugada a tres bandas desde que el EIIL tomó Mosul y lanzó la ofensiva contra la capital iraquí. En primer lugar, porque pone en jaque toda la arquitectura institucional que montó allí Estados Unidos. Las elecciones las ganó un integrante de la mayoría chií, Al Maliki, que se ha distinguido por su intolerancia contra la minoría suní, a la cual pertenecía el depuesto Sadam Husein. Con la retirada de las tropas norteamericanas, ordenada por Barack Obama, pues Irak era un callejón sin salida, continuaron los atentados con bombas y muertos por doquier entre las dos grupos religiosos. De ahí que no sea extraño que los yihadistas que hoy están a punto de tomar Bagdad sean suníes vinculados con Al Qaeda.

De otro lado, porque en un hecho inédito hasta hace pocas semanas, Estados Unidos entró en conversaciones con Irán, país vecino, chiita y por lo mismo aliado de Al Maliki, para ver cómo contener a los insurgentes fundamentalistas. Dado que Washington no tiene deseos de desplegar tropas, como lo ha reiterado Obama, le queda la opción ya anunciada del envío de un contingente de hasta 300 asesores militares y la posibilidad de realizar ataques aéreos. Para el efecto busca aunar esfuerzos con el nuevo gobierno iraní y así evitar el derrumbe de una débil institucionalidad construida a un alto costo. Sin embargo, la Casa Blanca presiona al actual primer ministro para que renuncie y se cree de inmediato un nuevo gobierno en el cual tengan participación no sólo los suníes, sino también la minoría kurda. Para el efecto el secretario de Estado, John Kerry, viaja a Irak.

En tercer lugar, porque si las cosas no se dan como se espera, el país se puede terminar desmembrando y una parte podría escindirse y unirse a otra importante parte de Siria, donde los miembros del EIIL tienen el control. De esta manera, y ante la imposibilidad cierta de derrotar al régimen de Bashar al Asad, terminarían creando un nuevo país en este enclave. De momento ya lograron asegurar un corredor que conecta ambas zonas. Si así se dieran las cosas, el equilibrio estratégico en la región se alteraría de manera significativa no sólo para los intereses de Estados Unidos y Occidente, sino también para el propio Irak, para Irán, Siria y Arabia Saudita, países que no quieren tener ahí una cuña de militantes fundamentalistas cercanos a Al Qaeda.

Como se ha recordado en estos días, la salida de Al Maliki no sería la del primer protegido de Washington que cae en desgracia y es forzado a retirarse del poder. Ejemplos hay, y varios. El entonces presidente de Vietnam, Ngo Dinh Diem, derrocado por un golpe de estado por orden de John F. Kennedy a comienzos de los sesenta; Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana, Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, Gustavo Rojas Pinilla en Colombia, Manuel Antonio Noriega en Panamá o el propio Sadam Husein, por citar algunos casos.

Mientras tanto, las noticias que llegan son muy preocupantes. Violaciones reiteradas a los derechos humanos, entre ellas la posible ejecución sumaria de unos 1.700 soldados iraquíes por parte de miembros del EIIL. La toma por parte de los insurgentes de un centro de almacenamiento de armas químicas. Las deserciones reiteradas de soldados iraquíes que huyen ante el avance yihadista. El creciente número de desplazados. Así las cosas, este nuevo conflicto echa más leña al fuego para la ya de por sí compleja realidad en el Medio Oriente.

 

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