Baja la tensión en Asia

Sorpresivamente, la reunión entre Estados Unidos y Corea del Norte, aunque mediada por la inexperiencia e impulsividad de sus líderes, puede arrojar resultados muy positivos. / AFP y EFE

El anuncio de una reunión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, es positivo. A pesar de todos los interrogantes y las especulaciones, por lo menos la amenaza de una guerra en la zona cede el paso a la diplomacia. De aquí a mayo deberán despejarse los aspectos logísticos para esta cita histórica cuyo resultado, según los analistas, solo puede ser el éxito o el fracaso. Sin términos medios.

De momento, todo apunta a dos factores que llevaron a Kim a aceptar un encuentro inicial en abril con su par de Corea del Sur, Moon Jae-in, uno de los arquitectos de esta filigrana política. El primero, la estricta aplicación de sanciones por parte de Pekín contra Pyongyang, y en segundo lugar, la estrecha presión ejercida por Washington en materia militar, si el Norte se atreviera a atacar al Sur. Sin embargo, no se debe menospreciar el que, a pesar de su juventud e inexperiencia, el dictador apostó duro y, desde su perspectiva, acertó. Al menos hasta ahora. Será la primera vez que un presidente en ejercicio de los Estados Unidos se siente cara a cara con el máximo líder del Norte. Ya, de por sí, eso es una ganancia.

Trump tiene motivos para su satisfacción. A pesar de que había insistido en que la única salida viable era la militar y que la opción diplomática era una falacia, parece que los astros se están alineando a su favor. Como en el inicio de las relaciones entre Estados Unidos y China, en esta oportunidad el acercamiento se comenzó con la presencia del Norte en los pasados Juegos de Invierno en el Sur. Luego de dos años de desencuentros, una delegación de alto nivel viajó de Seúl a Pyongyang unos días atrás y el consejero de Seguridad Nacional de dicho país viajó a Washington para ultimar los detalles y anunciar al mundo la buena noticia del encuentro de mayo.

De otro lado, China redujo las importaciones de Corea del Norte y la venta de petróleo a su tradicional aliado. De esta manera, y ante la posibilidad de vivir un nuevo período de desabastecimiento y hambruna como el que vivió años atrás, terminó cediendo. De allí que tanto en Pekín, como en Moscú, se haya expresado un cauto optimismo ante el anuncio. Algo similar sucedió con la ONU y la Unión Europea. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, manifestó que viajará a Washington el próximo mes para dialogar con Trump antes del encuentro.

¿Qué se puede esperar entonces de este hecho? En primer lugar, Kim Jong-un logra colocarse de igual a igual con el líder de la potencia más grande del mundo. Trump, por su parte, buscará posicionarse como un jugador internacional que, a pesar de su forma errática de actuación, logra “doblegar” a quien nadie parecería capaz de poner en cintura. Y al final las cosas deberían terminar bien para todos. Y aquí es donde todo se complica.

El primer resultado ideal sería la desnuclearización en la zona. Pero, ¿cuál es el significado de este término para cada uno de los actores involucrados? Para Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, en primer lugar, la completa entrega por parte del Norte de su arsenal nuclear y la destrucción de sus instalaciones. No necesariamente lo es para Kim. Este buscaría, como Irán en su momento, parar su programa nuclear a cambio de un reconocimiento como potencia y su supervivencia, a cambio de que se levanten de inmediato las sanciones.

Dentro de este juego de expectativas es que en su momento se podrá evaluar el resultado del encuentro. Ambos jugadores son percibidos como inexpertos en la medida en que llegaron hace poco al poder en sus respectivos países. Pero este hecho, que en principio puede ser visto como su principal defecto, podría ser a su vez el principal aliciente para lograr un resultado inesperado, como lo fue el propio anuncio de la reunión. Solo el tiempo y los hechos venideros darán la respuesta.

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