Desde la base

Es bien sabido por todos la peregrullada de que no existirá una reforma educativa fuerte y efectiva si no hay una transformación del sistema desde la base.

 A saber: una mejor formación de los alumnos desde los primeros años. Y por mucho de que se hable de que ese tipo de esfuerzos por parte de nuestros políticos es poco, en realidad, lo que se ve en la práctica: sólo hay que echar un vistazo a las pruebas Pisa de este año, que evaluaron, sobre todo, la capacidad de razonamiento de los estudiantes, para darnos cuenta del estado real de las cosas. Es deplorable estar en la cola. Y esto, a gran escala, puede reflejar el poco debate que la sociedad como un todo da en los asuntos que los afectan de primera mano.

Y pese a que la verdad salta a la vista ante nuestros ojos, no es mucho lo que se ejecuta para cambiarla. En este espacio resaltamos hace unos meses por qué una de las inversiones más efectivas para mejorar la calidad educativa de nuestros estudiantes (que redunda en nosotros como ciudadanos, como sociedad) es en la calidad formativa de los maestros. Más que cualquier otra cosa, un buen enfoque de política pública en este aspecto (que incluye mejores sueldos e incentivos para aprender a enseñar) traería una revolución educativa que permitiría a esta sociedad avanzar a pasos grandes. En todos los frentes, por demás. Harto han repetido los estudios más precisos que este debe ser el enfoque. Y que esto ayudaría, incluso, en asuntos insospechados como el crecimiento económico.

Aunque no solamente se trata de los maestros y las aulas, también se trata de quienes tienen la difícil labor de liderar todo el proceso en el interior de una institución educativa: los rectores, quienes, en medio de su pronunciada soledad, van dirigiendo como pueden los destinos de los jóvenes. Y esa es la pregunta abierta: ¿a dónde acude un rector o coordinador académico o disciplinario para actualizarse, teniendo en cuenta que en el país no existe una oferta amplia de aprendizaje permanente sobre los principales contenidos que requiere su gestión?

Pues bien, tal y como lo informamos el domingo en este diario, desde 2010 existe una iniciativa para suplir esta necesidad. Empresarios por la Educación decidió revisar las estrategias de formación de líderes de colegios más exitosas del mundo y, con la ayuda de la Universidad de Londres, consolidó las bases de un programa sin precedentes en el país. ¡Enhorabuena!

¿De qué se trata esta iniciativa que debería copiarse y multiplicarse en todo el territorio? Que se sienten en un aula, de nuevo, pero esta vez como estudiantes, para que aprendan las estrategias de liderazgo de mano de las mejores compañías colombianas, para que replanteen, con ejercicios prácticos, los modelos pedagógicos que vienen aplicando en sus escuelas.

¿Que puede llegar a ser muy mercantilista y mal enfocada la estrategia? Pues a ojos de ojos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación (Unesco) se ha convertido en una exitosa estrategia de transformación educativa que podría replicarse en otros países. Un modelo. Y estos ya no tan solitarios rectores se han unido a varias universidades como la Icesi de Cali o la Eafit de Medellín, o los Andes de Bogotá. Así nació, por demás, Rectores Líderes Transformadores.

Ya es un éxito. Y la iniciativa fue privada. Llegó la hora de tomar estos insumos y hacer efectiva una política más sistemática que vaya incluyendo amplios sectores de la educación de este país. El siguiente paso está a la vuelta de la esquina.

 

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