En la batalla de la credibilidad

Debemos prepararnos para una batalla a fondo por nuestra credibilidad, que día a día va a seguir siendo minada desde lo más alto del poder, pues eso viene dando grandes réditos políticos en estos tiempos.

Donald Trump se negó a darle la palabra al corresponsal en la Casa Blanca de CNN, Jim Acosta, al tiempo que acusaba a ese canal y al portal BuzzFeed de ser productores de noticias falsas luego de que filtraran, sin contrastar, un reporte de inteligencia que entre muchas otras cosas asegura que Rusia tiene información comprometedora del próximo presidente de los Estados Unidos. / Foto: AFP

De manera que Donald Trump, a pocos días de ser investido como el 45º presidente de los Estados Unidos y después de ser el gran promotor y mayor beneficiario de la diseminación de noticias falsas durante la campaña electoral, ha decidido asumir el papel de juez último de la información para decidir quién merece y quién no hacerle preguntas y, peor, para determinar cuál es la verdad según su criterio particular. Tremendo desafío le ha planteado esta semana la cabeza de la mayor potencia política y económica del mundo al periodismo, no sólo estadounidense sino del mundo entero, que deberá asumirlo con absoluto profesionalismo y sabiendo que camina por un campo minado en esta dura batalla por su credibilidad.

Hablamos, por supuesto, de la primera rueda de prensa como presidente electo el miércoles pasado, en la que Donald Trump se negó a darle la palabra al corresponsal en la Casa Blanca de CNN, Jim Acosta, al tiempo que acusaba a ese canal y al portal BuzzFeed de ser productores de noticias falsas luego de que filtraran, sin contrastar, un reporte de inteligencia que entre muchas otras cosas asegura que Rusia tiene información comprometedora del próximo presidente de los Estados Unidos. “Tú no, tú eres noticias falsas”, le repitió el presidente electo al reportero cuando pretendía hacer una pregunta. Y sobre BuzzFeed —que publicó los memorandos textuales; CNN apenas informó de su existencia— Trump dijo: “Es una fallida pila de basura y creo que van a sufrir las consecuencias”.

La estrategia no es nueva, claro. Desde siempre, desde el poder se ha intentado conducir la verdad a su favor de diversas maneras. Y quienes tienen el rabo de paja saben bien que su mejor arma es designar al periodismo como enemigo para quebrar su credibilidad cada vez que informen de sus malos pasos. Lo que sí es nuevo es lo que el Diccionario de Oxford escogió llamar la posverdad, ese desprecio actual por la realidad en favor de la apariencia que satisfaga las emociones o las creencias personales. Y más novedoso aún, y preocupante, resulta ser que su principal exponente y desde el mayor nivel de poder en el mundo se sienta con el derecho a ir más allá para decidir lo que es verdad y quién tiene permiso de buscarla y de contarla.

Notificada ha quedado la prensa libre —y, bueno, muchos más, incluso la inteligencia de su país, que llegó a calificar de nazi—. Y por eso debe prepararse, debemos prepararnos, para una batalla a fondo por nuestra credibilidad, que día a día va a seguir siendo minada desde lo más alto del poder, pues eso viene dando grandes réditos políticos en estos tiempos. No va a ser fácil esta brega porque la verdad ha dejado de ser un valor importante y porque, como bien lo sabe y lo explota el presidente Trump, y también otros por estas tierras, identificar las noticias falsas resulta más complicado en una era de creciente partidismo y polarización como la actual.

Y sin embargo habrá que darla. ¿Cómo? Con mayor profesionalismo para contrastar las falsedades, refinar la confrontación de hechos, extremar los cuidados, no apresurarse a publicar, no enceguecerse con el tráfico o los “me gusta”, poner en su sitio a los manipuladores, también a los aduladores, recuperar la confianza en y de la gente, escucharla más, en fin, recuperar la fe en el periodismo y su importancia para una sociedad democrática, y actuar en consecuencia.

Cuando la verdad se convierte en moneda de poco valor, como en estos tiempos, el periodismo debe buscarla con mayor afán y profesionalismo hasta recuperarle su valor. Así el más poderoso de los terrícolas no nos quiera dar la palabra.

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